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Mi PETiT BARRiO: CASA MiNGO

Mi PETiT BARRiO: CASA MiNGO

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   ¿Quién no ha oído hablar de Casa Mingo? A este local -que no hace publicidad y que vive del boca a boca- acuden, cada día a comer, abuelos, hijos y nietos, grupos de antiguos alumnos de la Universidad de Arquitectura, una pareja de japoneses, trabajadores de la zona… ¿Cuál es su secreto?


   Este negocio, que aguanta el paso de los años a buen ritmo, lo ideó Domingo García González, un ingeniero asturiano que trabajaba en la construcción de la Estación de Príncipe Pío. Todo empezó en 1888 cuando, junto con otros compañeros de la “tierruca”, montó un chigre (efímero) en las antiguas caballerizas de la Estación donde, de noche, guardaban los animales que cargaban el material de construcción y, de día, improvisaban almuerzos con chorizo a la sidra, queso de cabrales y otros productos que traían de Asturias. Una vez terminada la obra, Domingo lo tuvo claro. Aquello sería una sidrería -una de las primeras de Madrid-, transformó el espacio en un restaurante y comenzó a importar de manera regular los productos asturianos, incluida la sidra.


   El actual dueño del negocio es el biznieto del fundador, pero el encargado del local, desde hace 43 años (y se dice pronto), es Urbano Santodomingo, un abulense que está a punto de cumplir los 63 y que no puede disimular su cara de buena persona. Y cuando se le pregunta por el secreto de Casa Mingo, se ríe de buena gana: “Digo yo que la comida estará buena... El servicio se esfuerza para que todo esté en su punto y los precios son muy apañaos”.


   Aunque hoy en día sean el plato estrella de la Casa, los pollos no asomaron el pico hasta los años 60 y, desde entonces, su fama traspasa fronteras. Según Urbano, “el secreto está en saber comprarlos. Son pollos de 1 kilo 300, los más jugosos, los más difíciles de encontrar. Proceden de mataderos de toda la geografía española, especialmente de Lérida y Segovia”. En cuanto a la sidra, llega directamente de Asturias y, en la trastienda del local, la convierten en “sidra achampanada”.


   Antiguamente, en el terreno que hay frente al restaurante, Casa Mingo tenía un merendero donde la gente que iba a comer o a cenar, “impecablemente vestida”, podía o llevar su botellita de vino y comprar el pollo o llevarse su guiso y comprar una botella de sidra. “Es lo que se llama adaptarse a los tiempos, entonces no había apenas dinero…”, cuenta Urbano. Después, llegó la bonanza, es decir, la “época dorada” de Casa Mingo, de los años 70 hasta el año 2000. Y, luego, como (casi) todos, han notado la crisis. Aún así, sigue sirviendo actualmente una media de 200 pollos diarios, en torno a 700 los fines de semana.


   En cuanto a la clientela, es de lo más variopinta. Los turistas que, por la mayoría, proceden de Miami, México o Japón, se codean tanto con los abuelos que han traído a los padres y los padres a los hijos como con muchos deportistas, jugadores del Real Madrid o del Rayo Vallecano: “Viene mucho Iker Casillas con Sara y sus amigos de Móstoles, el príncipe Felipe vino una vez cuando estaba soltero, me extraña que aún no haya vuelto con su mujer, una asturiana”, dice Urbano ¿con retintín?


   Finalmente, si todo el mundo conoce su comedor del piso de abajo, pocos se han acercado al de arriba. En esta sala, totalmente acristalado y con vistas a la Iglesia de San Antonio de la Florida -donde se encuentran los frescos de Goya-, sirven entre semana, al mediodía, un cocido madrileño que nada tiene que envidiar a los restaurantes especializados y consagrados de la capital.


   A Urbano le queda poquito para jubilarse, apenas 3 años. A los 20 años se enamoró de la que es hoy su mujer, una guapa tinerfeña y piensa pasar su jubilación a pie de playa e ir, siempre que pueda, a un restaurante a comer.


PD: ¿Platos que nadie debería perderse (aparte de su famoso pollo asado, por supuesto)? El chorizo a la sidra, el queso de Cabrales para untar en el pan, la tortilla española, la ensalada tradicional, la empanada de bonito, el lacón, el queso de oveja, la ventresca con pimientos y los callos a la madrileña, acompañados de sidra natural o cualquier otra bebida. Tampoco puede perderse el que vaya a Casa Mingo sus típicos postres asturianos, como el arroz con leche, la tarta de sidra, la cuajada, la crema al limón y otros foráneos, como la tarta de Santiago.


                                             (De Carla Pulín, el 25 de enero de 2014)


Referencias útiles:
CASA MINGO

Paseo de la Florida, 34
28008 Madrid
915 477 918
M Príncipe Pío


Horario: de Lunes a Domingo, desde las 11h hasta medianoche.  PD: No cierra ningún día del año. Y, recuerda: en invierno, de Lunes a Viernes al mediodía, disfruta del cocido “Mingo” en el comedor de arriba. Precio: 15 euros.

Para saber aún más sobre CASA MiNGO, conéctate a su web (en español, en inglés y en francés).


[Volver a Mi Petit Callejero o Blogosfera]

   ¿Quién no ha oído hablar de Casa Mingo? A este local -que no hace publicidad y que vive del boca a boca- acuden, cada día a comer, abuelos, hijos y nietos, grupos de antiguos alumnos de la Universidad de Arquitectura, una pareja de japoneses, trabajadores de la zona… ¿Cuál es su secreto?


   Este negocio, que aguanta el paso de los años a buen ritmo, lo ideó Domingo García González, un ingeniero asturiano que trabajaba en la construcción de la Estación de Príncipe Pío. Todo empezó en 1888 cuando, junto con otros compañeros de la “tierruca”, montó un chigre (efímero) en las antiguas caballerizas de la Estación donde, de noche, guardaban los animales que cargaban el material de construcción y, de día, improvisaban almuerzos con chorizo a la sidra, queso de cabrales y otros productos que traían de Asturias. Una vez terminada la obra, Domingo lo tuvo claro. Aquello sería una sidrería -una de las primeras de Madrid-, transformó el espacio en un restaurante y comenzó a importar de manera regular los productos asturianos, incluida la sidra.


   El actual dueño del negocio es el biznieto del fundador, pero el encargado del local, desde hace 43 años (y se dice pronto), es Urbano Santodomingo, un abulense que está a punto de cumplir los 63 y que no puede disimular su cara de buena persona. Y cuando se le pregunta por el secreto de Casa Mingo, se ríe de buena gana: “Digo yo que la comida estará buena... El servicio se esfuerza para que todo esté en su punto y los precios son muy apañaos”.


   Aunque hoy en día sean el plato estrella de la Casa, los pollos no asomaron el pico hasta los años 60 y, desde entonces, su fama traspasa fronteras. Según Urbano, “el secreto está en saber comprarlos. Son pollos de 1 kilo 300, los más jugosos, los más difíciles de encontrar. Proceden de mataderos de toda la geografía española, especialmente de Lérida y Segovia”. En cuanto a la sidra, llega directamente de Asturias y, en la trastienda del local, la convierten en “sidra achampanada”.


   Antiguamente, en el terreno que hay frente al restaurante, Casa Mingo tenía un merendero donde la gente que iba a comer o a cenar, “impecablemente vestida”, podía o llevar su botellita de vino y comprar el pollo o llevarse su guiso y comprar una botella de sidra. “Es lo que se llama adaptarse a los tiempos, entonces no había apenas dinero…”, cuenta Urbano. Después, llegó la bonanza, es decir, la “época dorada” de Casa Mingo, de los años 70 hasta el año 2000. Y, luego, como (casi) todos, han notado la crisis. Aún así, sigue sirviendo actualmente una media de 200 pollos diarios, en torno a 700 los fines de semana.


   En cuanto a la clientela, es de lo más variopinta. Los turistas que, por la mayoría, proceden de Miami, México o Japón, se codean tanto con los abuelos que han traído a los padres y los padres a los hijos como con muchos deportistas, jugadores del Real Madrid o del Rayo Vallecano: “Viene mucho Iker Casillas con Sara y sus amigos de Móstoles, el príncipe Felipe vino una vez cuando estaba soltero, me extraña que aún no haya vuelto con su mujer, una asturiana”, dice Urbano ¿con retintín?


   Finalmente, si todo el mundo conoce su comedor del piso de abajo, pocos se han acercado al de arriba. En esta sala, totalmente acristalado y con vistas a la Iglesia de San Antonio de la Florida -donde se encuentran los frescos de Goya-, sirven entre semana, al mediodía, un cocido madrileño que nada tiene que envidiar a los restaurantes especializados y consagrados de la capital.


   A Urbano le queda poquito para jubilarse, apenas 3 años. A los 20 años se enamoró de la que es hoy su mujer, una guapa tinerfeña y piensa pasar su jubilación a pie de playa e ir, siempre que pueda, a un restaurante a comer.


PD: ¿Platos que nadie debería perderse (aparte de su famoso pollo asado, por supuesto)? El chorizo a la sidra, el queso de Cabrales para untar en el pan, la tortilla española, la ensalada tradicional, la empanada de bonito, el lacón, el queso de oveja, la ventresca con pimientos y los callos a la madrileña, acompañados de sidra natural o cualquier otra bebida. Tampoco puede perderse el que vaya a Casa Mingo sus típicos postres asturianos, como el arroz con leche, la tarta de sidra, la cuajada, la crema al limón y otros foráneos, como la tarta de Santiago.


                                             (De Carla Pulín, el 25 de enero de 2014)


Referencias útiles:
CASA MINGO

Paseo de la Florida, 34
28008 Madrid
915 477 918
M Príncipe Pío


Horario: de Lunes a Domingo, desde las 11h hasta medianoche.  PD: No cierra ningún día del año. Y, recuerda: en invierno, de Lunes a Viernes al mediodía, disfruta del cocido “Mingo” en el comedor de arriba. Precio: 15 euros.

Para saber aún más sobre CASA MiNGO, conéctate a su web (en español, en inglés y en francés).


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