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ViNCENT VAN GOGH
(EXHiBiTiON ON SCREEN)

ViNCENT VAN GOGH
(EXHiBiTiON ON SCREEN)

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   Torturado, enfermo, obsesivo y entregado, el pintor Vincent Van Gogh (1853-1890), uno de los mayores representantes del postimpresionismo, vivió en un eterno tormento, que plasmó en una obra, inspirada en lo cotidiano y en los lugares y personas que frecuentó. Se inició con escenas sombrías que dieron paso, gracias a su encuentro con los impresionistas franceses, a una explosión de color y a un trazo, que le otorgaron la autenticidad del genio. En apenas 10 años, pintó 900 cuadros, de los que 27 fueron autorretratos, fruto de una difícil introspección, que junto a 800 cartas, en su mayoría destinadas a su indispensable hermano menor, Theo, suponen un testimonio único de los sentimientos, inquietudes, penurias y miedos, que ocuparon la mente y el lienzo del artista.


   Con motivo de la proyección del documental "Vincent Van Gogh, una nueva mirada (encore)" (2015), gracias al proyecto Exhibition On Screen, en los Cines Yelmo Ideal, (Petit) Homenaje al pintor de lo invisible


   Fruto del amor entre el pastor protestante, Theodorus, y de su mujer, Anna Cornelia, Vincent Willem van Gogh (en la ilustración) nació en los Países Bajos, el 30 de marzo de 1853, como el mayor de 6 hermanos varones. Empezó a pintar de forma autodidacta en un internado, periodo que él mismo describiría como una época estéril, triste y fría, y en 1869, con 16 años, cambió libros por pinceles para entrar como aprendiz en Goupil & Co., una importante empresa de comercio de arte, ubicada en La Haya de la cual su tío Vincent era uno de los socios fundadores.


   Tras 4 años de servicio, la empresa le trasladó a Londres para vender obras de arte a los comercios, y nada más llegar, se enamoró perdidamente de la hija de la dueña del hostal donde se alojaba. Fue un amor -como sería tónica en su vida- no correspondido, lo que provocó que Van Gogh, muy tocado, se refugiara obsesivamente en la religión, hasta que en 1875, su compañía le mandó a París, donde la eclosión de arte y una efervescente cultura le atraparon, y de paso, le salvaron. Con las ideas mucho más claras, Van Gogh fue despedido -aunque muchos defienden que dimitió-, y abandonó la empresa en la que su querido hermano Theo, que había entrado años más tarde que él, llegaría a jubilarse.


   Fue entonces cuando el futuro pintor regresó a Inglaterra, y una vez más, buscó cobijo en la religión, ayudando a un predicador metodista, y leyendo una y otra vez la Biblia y la obra -excesivamente devota-, La imitación de Cristo, del canónigo agustino, Tomás De Kempis. Por entonces, Vincent tenía apenas 24 años, y su única intención era entregarse a los demás, siguiendo a su manera, mucho más extrema, los pasos de su padre, lo que le llevó a viajar en 1877 a Ámsterdam para estudiar teología. No lo logró. Van Gogh no paraba de dar bandazos sin alcanzar ninguno de sus objetivos, pero en 1879, impresionados por su brutal entrega, los directivos de la Escuela de Evangelización Práctica de Bruselas le enviaron como misionero a las minas de Borinage, en la región belga de Mons, en las que durante casi 2 años vivió en condiciones extremas, y demostró tal pasión, que llegó a asustar a sus superiores, pues llevó tan al límite su generosidad, que llegó a vivir peor que a los que había ido a ayudar. Y así, entre tanta penuria y desolación, regresó su deseo de pintar para recordar a los carboneros, tejedores y trabajadores con los que había pasado parte de su vida.


   Sin embargo, su hermano, que siempre le seguía los pasos, consiguió hacerle entrar en razón, potenciando esa necesidad de pintar, y una vez más, Vincent cambió radicalmente de vida. En 1880, entró en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde se estrenó con oscuras figuras de sus queridos mineros y campesinos, y entabló amistad con el pintor holandés, Anthon Van Rappard, con quien mantendría una larga y polémica relación. En esa época, llegó también su segundo gran desengaño amoroso, con una actitud obsesiva que solo lograba más rechazo por parte de sus candidatas. Así le pasó con su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, que asustada no quería ni verlo, pero al poco Van Gogh conoció a Clarisa María Hoornik, una prostituta alcohólica, apodada Sien, embarazada y con una hija, que vivía en la calle, y a la que el pintor, movido por su enfermiza compasión, acogió en su humilde hogar. Durante la convivencia, madre e hija fueron sus mejores modelos, hasta que la presión de su hermano y la falta acuciante de dinero, obligaron a Sien a regresar a su oficio, volviendo loco a Van Gogh y acabando con su relación.


   Con esa última pérdida, arruinado y más solo que nunca, Van Gogh regresó al regazo familiar, y se instaló en una habitación acondicionada para que pudiera seguir pintando. De esa época datan sus primeros paisajes al óleo, su pincelada gruesa característica, y también su primera gran obra “Campesinos comiendo patatas” (1885), en un registro coral de 5 personajes, y unos tonos aún oscuros, pero iluminados por una lámpara, que iba marcando ya la luz que estaba por venir. Un cuadro del que, por recomendación de su hermano, Van Gogh realizó 20 litografías (una de ellas hoy expuesta en el Museo Thyssen-Bornemisza).


   A pesar de su prolífica obra, la salud y el estado mental de Van Gogh fueron de mal en peor, y en 1886, su hermano Theo, preocupado, decidió llevárselo con él a París. En la capital francesa, el artista descubrió a los impresionistas, y con ellos, un color que ya no le abandonaría. Fue su etapa más fértil, viva y reveladora, en la que conoció a Émile Bernard, Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Camille Pissarro y Cézanne, entre muchos otros, y con ellos, sus secretos pictóricos, nuevas visiones y técnicas, que asimiló dando lugar a su personal visión del postimpresionismo. Van Gogh también conoció a Père Tanguy, dueño de una pequeña tienda de dibujo y pintura en Montmartre, en cuyo almacén expusieron casi todos. Cuentan que el tendero aceptó muchas veces el pago de material con cuadros o dibujos de algunos de sus clientes, convirtiéndose en un improvisado coleccionista de piezas, que hoy valdrían millones y millones. De hecho, uno de los retratos, que Van Gogh realizó de ese personaje, se considera, junto a “Autorretrato con sombrero de paja” (1887-88) la obra más representativa de su etapa parisina.


   Entusiasmado, Van Gogh decidió probar suerte en Arlés, un nuevo y perfecto destino donde todo era digno de ser pintado y donde el artista encontró su propio estilo. La soleada Provenza le ofrecería la luz y el color, que ahora buscaba, desde su “Melocotonero en flor” (1888), típicamente nipón, a “La habitación de Van Gogh en Arlés” (1889), pasando por “Los descargadores en Arlés” (1888), con un ocaso que dejaba entrever su gran dominio cromático. De ese mismo año, es también su gran obra, “Los Girasoles”, una explosión del simbolismo, y una de sus únicas 3 ventas en vida (según otras versiones solo vendió 1 obra), por apenas 400 francos, muy lejanos a los casi 82 millones y medio de dólares pagados en  Christie’s en 1990, por su obra “Retrato del Doctor Gachet” (1890).


   A pesar de todo, Van Gogh no lograba estar bien. Como se sentía cada vez más perdido y solo, alquiló -de nuevo gracias a su hermano- la denominada “casa amarilla” (por el color de sus paredes), e invitó a todos sus amigos pintores, especialmente de su etapa parisina. Solo Gauguin acudió a la cita, y lo hizo porque Theo, una vez más en la sombra, galerista y marchante de Gauguin, le sobornó pagando todas sus deudas a cambio de que viajara a Arlés a ver a su querido hermano mayor. Llegó en 1888, y de su visita, resultaron varias obras a pares, con una misma realidad y 2 interesantes puntos de vista, algún que otro retrato mutuo, muchas discusiones, y una de las posibles explicaciones de la pérdida del lóbulo de la oreja de Van Gogh.


   Al parecer, los 2 pintores eran de armas tomar y, tal y como escribió Gauguin en sus memorias, un mal día, Van Gogh se acaloró, le agredió, y avergonzado, se autolesionó cortándose parte de una oreja, que luego llevó a un burdel como regalo a una de sus prostitutos preferidas, que dio oportuno parte a la policía, que a su vez encerró 14 días al genio. Gauguin nunca vio en aquel acto una muestra de arrepentimiento, sino más bien la conducta de un loco peligroso del que ya no quiso saber más, y regresó a París para no volverlo a ver. Sin embargo, otra versión sostiene que fue Gauguin, aficionado a la esgrima, quien hirió a Van Gogh, haciéndole un corte en el lóbulo, que el pintor, ni corto ni perezoso y sin darle importancia, remató cortando del todo el colgajo. Sea como fuera, al salir de prisión y regresar a casa, lo primero que hizo Van Gogh fue ponerse a pintar su “Autorretrato con oreja vendada” (1889).


   Desde aquel incidente, cada vez fueron más habituales las muestras de su delirio mental, con continuas crisis nerviosas, ataques de ansiedad y síntomas de manía persecutoria, que dieron lugar a trazos llenos de desasosiego, pero también a cuadros brillantes y optimistas, como “Campo de trigo con cipreses” (1889), brutal reflejo de la lucidez propia del que está al borde de la locura. Después de varios ingresos en centros mentales, Van Gogh, asustado ante la posibilidad de no poder volver a pintar, se internó voluntariamente, coincidiendo con la boda de su hermano Theo, que sin duda le desequilibró.


   En el sanatorio Saint-Rémy-de-Provence, además de su dormitorio, le habilitaron otra estancia para que pudiera realizar su actividad y mejor terapia. Encerrado y sin apenas oportunidad de salir al exterior, pintó obras relacionadas con el hospital así como nuevas versiones de sus cuadros del pasado y de obras de pintores a los que admiraba. En ese año, vio la luz su trazo más intrépido, sus característicos remolinos, y la que para muchos es su pieza crucial, “La noche estrellada” (1889), que realizó mirando por la ventana del psiquiátrico, y que al verla acabada, consideró como un absoluto fracaso.


   A pesar de su internamiento, los síntomas iban de mal en peor, y angustiado, decidió quitar tierra de por medio y acercarse lo máximo posible a su imprescindible hermano, instalándose en Auvers-sur-Oise, una localidad próxima a París, donde Theo logró que su amigo, el doctor Paul-Ferdinand Gachet, médico y pintor aficionado, le visitara de vez en cuando. Bajo sus cuidados homeopáticos, el artista parió más de 70 cuadros. Entre ellos, el “Autorretrato” (1890), que le regaló a Gachet, y “Trigal con cuervos” (1890), que terminó justo 2 semanas antes de su muerte, considerada como una de sus mejores obras.


   En sus últimos 2 años de vida, produjo de manera enfermiza cerca de 500 lienzos, hasta que su culpabilidad, su dependencia y su profunda tristeza pudieron con él, y el 27 de julio de 1890, sin llegar a cumplir 37 años, se suicidó con un disparó en el pecho (aunque otras teorías hablan de 1 tiro accidental por parte de 2 críos que estaban jugando, e incluso del asesinato de manos de un adolescente local). Malherido y sangrando, dicen que regresó a la pensión, y 2 días después, murió en brazos de su siempre presente hermano Theo, que apenas le sobrevivió, pues a los 6 meses, falleció según unos, por los daños cerebrales de una insuficiencia renal, según otros, de pura tristeza. Hoy, descansan uno junto al otro, enterrados en el cementerio de Auvers-sur-Oise, con las últimas palabras escritas de Van Gogh como recuerdo: “Arriesgué mi vida por mi obra, y mi razón, a medias”.


                                              (De Lidia Martín, el 19 de marzo de 2018)


Referencias útiles:
ViNCENT VAN GOGH ON SCREEN


¿CUÁNDO? El Lunes 19 de marzo de 2018, (1) a las 20h y (2) después de la proyección.

¿QUÉ?
(1)
Proyección del documental "Vincent Van Gogh, una nueva mirada (encore)" (2015), dirigido por David Bickerstaff y producido por Phil Grabsky, que forma parte del proyecto Exhibition On Screen.


(2) Para no romper la magia, ¡descubre el Van Gogh Café de Madrid!

¿DÓNDE?
(1)
En los Yelmo Cines Ideal (ver la ilustración)
Calle del Doctor Corteza, 6
28012 Madrid
902 220 922 (Venta telefónica)
M Tirso de Molina


(2) En el Van Gogh Café (ver la ilustración)
Calle de Isaac Peral, 4
28015 Madrid
915 432 009
M Moncloa
Horario:
- De Lunes a Viernes: de 7h30 hasta medianoche;
- Los Sábados y Domingos: de 8h30 hasta medianoche.

¿CUÁNTO?
(1)
8 euros aquí.
(2) Depende.


[Volver a Mi Petit Filmoteca, Pinacoteca, Callejero o Menú Principal]

   Torturado, enfermo, obsesivo y entregado, el pintor Vincent Van Gogh (1853-1890), uno de los mayores representantes del postimpresionismo, vivió en un eterno tormento, que plasmó en una obra, inspirada en lo cotidiano y en los lugares y personas que frecuentó. Se inició con escenas sombrías que dieron paso, gracias a su encuentro con los impresionistas franceses, a una explosión de color y a un trazo, que le otorgaron la autenticidad del genio. En apenas 10 años, pintó 900 cuadros, de los que 27 fueron autorretratos, fruto de una difícil introspección, que junto a 800 cartas, en su mayoría destinadas a su indispensable hermano menor, Theo, suponen un testimonio único de los sentimientos, inquietudes, penurias y miedos, que ocuparon la mente y el lienzo del artista.


   Con motivo de la proyección del documental "Vincent Van Gogh, una nueva mirada (encore)" (2015), gracias al proyecto Exhibition On Screen, en los Cines Yelmo Ideal, (Petit) Homenaje al pintor de lo invisible


   Fruto del amor entre el pastor protestante, Theodorus, y de su mujer, Anna Cornelia, Vincent Willem van Gogh (en la ilustración) nació en los Países Bajos, el 30 de marzo de 1853, como el mayor de 6 hermanos varones. Empezó a pintar de forma autodidacta en un internado, periodo que él mismo describiría como una época estéril, triste y fría, y en 1869, con 16 años, cambió libros por pinceles para entrar como aprendiz en Goupil & Co., una importante empresa de comercio de arte, ubicada en La Haya de la cual su tío Vincent era uno de los socios fundadores.


   Tras 4 años de servicio, la empresa le trasladó a Londres para vender obras de arte a los comercios, y nada más llegar, se enamoró perdidamente de la hija de la dueña del hostal donde se alojaba. Fue un amor -como sería tónica en su vida- no correspondido, lo que provocó que Van Gogh, muy tocado, se refugiara obsesivamente en la religión, hasta que en 1875, su compañía le mandó a París, donde la eclosión de arte y una efervescente cultura le atraparon, y de paso, le salvaron. Con las ideas mucho más claras, Van Gogh fue despedido -aunque muchos defienden que dimitió-, y abandonó la empresa en la que su querido hermano Theo, que había entrado años más tarde que él, llegaría a jubilarse.


   Fue entonces cuando el futuro pintor regresó a Inglaterra, y una vez más, buscó cobijo en la religión, ayudando a un predicador metodista, y leyendo una y otra vez la Biblia y la obra -excesivamente devota-, La imitación de Cristo, del canónigo agustino, Tomás De Kempis. Por entonces, Vincent tenía apenas 24 años, y su única intención era entregarse a los demás, siguiendo a su manera, mucho más extrema, los pasos de su padre, lo que le llevó a viajar en 1877 a Ámsterdam para estudiar teología. No lo logró. Van Gogh no paraba de dar bandazos sin alcanzar ninguno de sus objetivos, pero en 1879, impresionados por su brutal entrega, los directivos de la Escuela de Evangelización Práctica de Bruselas le enviaron como misionero a las minas de Borinage, en la región belga de Mons, en las que durante casi 2 años vivió en condiciones extremas, y demostró tal pasión, que llegó a asustar a sus superiores, pues llevó tan al límite su generosidad, que llegó a vivir peor que a los que había ido a ayudar. Y así, entre tanta penuria y desolación, regresó su deseo de pintar para recordar a los carboneros, tejedores y trabajadores con los que había pasado parte de su vida.


   Sin embargo, su hermano, que siempre le seguía los pasos, consiguió hacerle entrar en razón, potenciando esa necesidad de pintar, y una vez más, Vincent cambió radicalmente de vida. En 1880, entró en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde se estrenó con oscuras figuras de sus queridos mineros y campesinos, y entabló amistad con el pintor holandés, Anthon Van Rappard, con quien mantendría una larga y polémica relación. En esa época, llegó también su segundo gran desengaño amoroso, con una actitud obsesiva que solo lograba más rechazo por parte de sus candidatas. Así le pasó con su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, que asustada no quería ni verlo, pero al poco Van Gogh conoció a Clarisa María Hoornik, una prostituta alcohólica, apodada Sien, embarazada y con una hija, que vivía en la calle, y a la que el pintor, movido por su enfermiza compasión, acogió en su humilde hogar. Durante la convivencia, madre e hija fueron sus mejores modelos, hasta que la presión de su hermano y la falta acuciante de dinero, obligaron a Sien a regresar a su oficio, volviendo loco a Van Gogh y acabando con su relación.


   Con esa última pérdida, arruinado y más solo que nunca, Van Gogh regresó al regazo familiar, y se instaló en una habitación acondicionada para que pudiera seguir pintando. De esa época datan sus primeros paisajes al óleo, su pincelada gruesa característica, y también su primera gran obra “Campesinos comiendo patatas” (1885), en un registro coral de 5 personajes, y unos tonos aún oscuros, pero iluminados por una lámpara, que iba marcando ya la luz que estaba por venir. Un cuadro del que, por recomendación de su hermano, Van Gogh realizó 20 litografías (una de ellas hoy expuesta en el Museo Thyssen-Bornemisza).


   A pesar de su prolífica obra, la salud y el estado mental de Van Gogh fueron de mal en peor, y en 1886, su hermano Theo, preocupado, decidió llevárselo con él a París. En la capital francesa, el artista descubrió a los impresionistas, y con ellos, un color que ya no le abandonaría. Fue su etapa más fértil, viva y reveladora, en la que conoció a Émile Bernard, Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Camille Pissarro y Cézanne, entre muchos otros, y con ellos, sus secretos pictóricos, nuevas visiones y técnicas, que asimiló dando lugar a su personal visión del postimpresionismo. Van Gogh también conoció a Père Tanguy, dueño de una pequeña tienda de dibujo y pintura en Montmartre, en cuyo almacén expusieron casi todos. Cuentan que el tendero aceptó muchas veces el pago de material con cuadros o dibujos de algunos de sus clientes, convirtiéndose en un improvisado coleccionista de piezas, que hoy valdrían millones y millones. De hecho, uno de los retratos, que Van Gogh realizó de ese personaje, se considera, junto a “Autorretrato con sombrero de paja” (1887-88) la obra más representativa de su etapa parisina.


   Entusiasmado, Van Gogh decidió probar suerte en Arlés, un nuevo y perfecto destino donde todo era digno de ser pintado y donde el artista encontró su propio estilo. La soleada Provenza le ofrecería la luz y el color, que ahora buscaba, desde su “Melocotonero en flor” (1888), típicamente nipón, a “La habitación de Van Gogh en Arlés” (1889), pasando por “Los descargadores en Arlés” (1888), con un ocaso que dejaba entrever su gran dominio cromático. De ese mismo año, es también su gran obra, “Los Girasoles”, una explosión del simbolismo, y una de sus únicas 3 ventas en vida (según otras versiones solo vendió 1 obra), por apenas 400 francos, muy lejanos a los casi 82 millones y medio de dólares pagados en  Christie’s en 1990, por su obra “Retrato del Doctor Gachet” (1890).


   A pesar de todo, Van Gogh no lograba estar bien. Como se sentía cada vez más perdido y solo, alquiló -de nuevo gracias a su hermano- la denominada “casa amarilla” (por el color de sus paredes), e invitó a todos sus amigos pintores, especialmente de su etapa parisina. Solo Gauguin acudió a la cita, y lo hizo porque Theo, una vez más en la sombra, galerista y marchante de Gauguin, le sobornó pagando todas sus deudas a cambio de que viajara a Arlés a ver a su querido hermano mayor. Llegó en 1888, y de su visita, resultaron varias obras a pares, con una misma realidad y 2 interesantes puntos de vista, algún que otro retrato mutuo, muchas discusiones, y una de las posibles explicaciones de la pérdida del lóbulo de la oreja de Van Gogh.


   Al parecer, los 2 pintores eran de armas tomar y, tal y como escribió Gauguin en sus memorias, un mal día, Van Gogh se acaloró, le agredió, y avergonzado, se autolesionó cortándose parte de una oreja, que luego llevó a un burdel como regalo a una de sus prostitutos preferidas, que dio oportuno parte a la policía, que a su vez encerró 14 días al genio. Gauguin nunca vio en aquel acto una muestra de arrepentimiento, sino más bien la conducta de un loco peligroso del que ya no quiso saber más, y regresó a París para no volverlo a ver. Sin embargo, otra versión sostiene que fue Gauguin, aficionado a la esgrima, quien hirió a Van Gogh, haciéndole un corte en el lóbulo, que el pintor, ni corto ni perezoso y sin darle importancia, remató cortando del todo el colgajo. Sea como fuera, al salir de prisión y regresar a casa, lo primero que hizo Van Gogh fue ponerse a pintar su “Autorretrato con oreja vendada” (1889).


   Desde aquel incidente, cada vez fueron más habituales las muestras de su delirio mental, con continuas crisis nerviosas, ataques de ansiedad y síntomas de manía persecutoria, que dieron lugar a trazos llenos de desasosiego, pero también a cuadros brillantes y optimistas, como “Campo de trigo con cipreses” (1889), brutal reflejo de la lucidez propia del que está al borde de la locura. Después de varios ingresos en centros mentales, Van Gogh, asustado ante la posibilidad de no poder volver a pintar, se internó voluntariamente, coincidiendo con la boda de su hermano Theo, que sin duda le desequilibró.


   En el sanatorio Saint-Rémy-de-Provence, además de su dormitorio, le habilitaron otra estancia para que pudiera realizar su actividad y mejor terapia. Encerrado y sin apenas oportunidad de salir al exterior, pintó obras relacionadas con el hospital así como nuevas versiones de sus cuadros del pasado y de obras de pintores a los que admiraba. En ese año, vio la luz su trazo más intrépido, sus característicos remolinos, y la que para muchos es su pieza crucial, “La noche estrellada” (1889), que realizó mirando por la ventana del psiquiátrico, y que al verla acabada, consideró como un absoluto fracaso.


   A pesar de su internamiento, los síntomas iban de mal en peor, y angustiado, decidió quitar tierra de por medio y acercarse lo máximo posible a su imprescindible hermano, instalándose en Auvers-sur-Oise, una localidad próxima a París, donde Theo logró que su amigo, el doctor Paul-Ferdinand Gachet, médico y pintor aficionado, le visitara de vez en cuando. Bajo sus cuidados homeopáticos, el artista parió más de 70 cuadros. Entre ellos, el “Autorretrato” (1890), que le regaló a Gachet, y “Trigal con cuervos” (1890), que terminó justo 2 semanas antes de su muerte, considerada como una de sus mejores obras.


   En sus últimos 2 años de vida, produjo de manera enfermiza cerca de 500 lienzos, hasta que su culpabilidad, su dependencia y su profunda tristeza pudieron con él, y el 27 de julio de 1890, sin llegar a cumplir 37 años, se suicidó con un disparó en el pecho (aunque otras teorías hablan de 1 tiro accidental por parte de 2 críos que estaban jugando, e incluso del asesinato de manos de un adolescente local). Malherido y sangrando, dicen que regresó a la pensión, y 2 días después, murió en brazos de su siempre presente hermano Theo, que apenas le sobrevivió, pues a los 6 meses, falleció según unos, por los daños cerebrales de una insuficiencia renal, según otros, de pura tristeza. Hoy, descansan uno junto al otro, enterrados en el cementerio de Auvers-sur-Oise, con las últimas palabras escritas de Van Gogh como recuerdo: “Arriesgué mi vida por mi obra, y mi razón, a medias”.


                                              (De Lidia Martín, el 19 de marzo de 2018)


Referencias útiles:
ViNCENT VAN GOGH ON SCREEN


¿CUÁNDO? El Lunes 19 de marzo de 2018, (1) a las 20h y (2) después de la proyección.

¿QUÉ?
(1)
Proyección del documental "Vincent Van Gogh, una nueva mirada (encore)" (2015), dirigido por David Bickerstaff y producido por Phil Grabsky, que forma parte del proyecto Exhibition On Screen.


(2) Para no romper la magia, ¡descubre el Van Gogh Café de Madrid!

¿DÓNDE?
(1)
En los Yelmo Cines Ideal (ver la ilustración)
Calle del Doctor Corteza, 6
28012 Madrid
902 220 922 (Venta telefónica)
M Tirso de Molina


(2) En el Van Gogh Café (ver la ilustración)
Calle de Isaac Peral, 4
28015 Madrid
915 432 009
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Horario:
- De Lunes a Viernes: de 7h30 hasta medianoche;
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RAFAEL DE LA HOZ (ARDERiUS)
(MAESTROS MODERNOS EN EL COAM)

Hoy, Martes 10 de julio de 2018, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid dedicará, dentro de su ciclo Maestros Modernos, una conferencia... 

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LAS MENiNAS (MADRiD GALLERY)

Pintado al final de su carrera, “Las meninas” es la obra maestra de Diego Velázquez. Un cuadro que ha inspirado a artistas, escritores...

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LAS MENiNAS (MADRiD GALLERY)

Pintado al final de su carrera, “Las meninas” es la obra maestra de Diego Velázquez. Un cuadro que ha inspirado a artistas, escritores... 

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Mi PETiT AGENDA
(06, 07 y 08 de julio de 2018)

Para saber lo que se cuece en la capital este fin de semana, consulta Mi Petit Agenda de Tu Petit Madrid...

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