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(Mi PETiT) HOMENAJE A iNGRiD BERGMAN,
LA ACTRiZ QUE DiRiGiÓ SU ViDA

(Mi PETiT) HOMENAJE A iNGRiD BERGMAN,
LA ACTRiZ QUE DiRiGiÓ SU ViDA

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   Ajena a unos cánones hollywoodienses, que superó gracias a su fuerte personalidad y demostrando que atractivo y talento no siempre están reñidos, fue una de las mujeres más bellas del siglo XX. Imparable, arriesgada y con las ideas muy claras, Ingrid Bergman nunca miró atrás, marcó la diferencia entre actriz y estrella, evitó el encasillamiento trabajando en 5 idiomas (sueco, alemán, inglés, italiano y francés) para grandes directores, y logró ser la segunda mujer más oscarizada de la historia con 3 estatuillas. Hoy, Sábado 29 de agosto de 2015, al cumplirse el centenario de su nacimiento, el mismo día en el que curiosamente también murió la actriz a la que el mismísimo Goebbles tentó para ser la diva del Tercer Reich, inolvidable en su papel de Ilsa en “Casablanca” (1942), que cuando parecía tenerlo todo decidió abandonarlo por amor en uno de los escándalos más sonados del séptimo arte, sigue siendo (después de Katharine Hepburn, Bette Davis y Audrey Hepburn según los expertos del American Film Institute) la estrella más importante de la historia del cine.


   Ingrid Bergman nació en Estocolmo en 1915, tal y como ella misma contó en su diario adolescente: “con un carácter terco y salvaje”. Su infancia transcurrió entre pérdidas y mudanzas, pues su madre, la alemana Friedel Adler, falleció cuando la pequeña solo tenía 2 años, y su padre, el sueco Justus Bergman, un fotógrafo para el que Ingrid posaba con todo tipo de disfraces, murió apenas 11 años después. Huérfana, la niña pasó primero al cuidado de una hermana paterna, que también falleció, y finalmente, bajo la tutela de otro tío paterno, Otto, que la vio crecer.


   Desde muy pequeña, tuvo claro que quería ser actriz. Veía en esa profesión la mejor manera de superar su gran timidez y de ponerse en el papel de otros que nunca llegaría a ser. Con solo 16 años, se estrenó con “Landskamp” (1932), de Gunnar Skoglund (una película de la que se perdió el rastro), y se presentó, a pesar de la oposición de su tío, a las pruebas de acceso del Royal Dramatic Theater School de Estocolmo, llegando al acuerdo de que si no la admitían, abandonaría su sueño. Pero lo logró, y en 1933, con 18 años, entró en la misma escuela -donde había estudiado Greta Garbo-, después de una audición interrumpida, que le llevó a pensar que había sido rechazada, cuando en realidad, el jurado solo había necesitado unos segundos para saber que estaban frente a una chica con un talento innato.


   Su primer trabajo oficial llegó con “Munkbrogreven” (1935), de Edvin Adolphson, y con él, un sinfín de títulos que fue enlazando hasta que el éxito de “Intermezzo” (1936), de Gustav Molander, con el que realizó 7 películas más y que la puso en el punto de mira.


   Famosa ya en Suecia, Ingrid se casó con 22 años con Petter Lindström, un dentista y después neurocirujano que siempre apoyó su carrera, fue su representante, y la animó a probar suerte más allá de su país, aprovechando su dominio del alemán y del inglés. No hizo falta, pues el éxito de “Intermezzo” llegó a oídos -y ojos- de David O. Selznick, mítico productor de la época dorada de Hollywood. En cuanto el artífice -entre otras películas- de “Lo que el viento se llevó” (1939), descubrió a aquella joven, compró los derechos de la cinta sueca, y mandó un mensajero de la Metro Goldwyn Mayer con un larguísimo contrato para Ingrid Bergman, que acababa de ser mamá, en 1938, de su primera hija Pia Lindström.


   En 1939, la actriz se trasladó con su familia a Estados Unidos, y nada más llegar, se negó a seguir la recomendación de Selznick de adaptarse a la estética del momento. Bergman no permitió que le tocaran nada, ni dientes, ni nariz, ni cejas, y ni tan siquiera su nombre, haciendo de aquella naturalidad su seña de identidad y su mayor atributo. Tal y como era –después, eso sí, de un estricto régimen-, rodó la versión yanqui de “Intermezzo” (1939), dirigida por Gregory Ratoff, que arrasó y enamoró a toda una generación de románticas jovencitas, que empezaron a soñar con aquel hombre casado que lo dejaba todo al conocer al personaje interpretado por Bergman, a la que curiosamente, tiempo después, machacarían sin piedad al protagonizar, esta vez en la vida real, una historia similar junto al director italiano Rossellini.


   Su carrera en Hollywood no había hecho más que empezar, pero cansada de ser siempre la guapa, exigió papeles diferentes, y no paró hasta conseguir ser la buscona en “El extraño caso del Dr. Jekyll” (1941), de Víctor Fleming. También probó suerte en Broadway, donde triunfó especialmente en los años 40, y por fin en 1942, la cinta “Casablanca”, de Michael Curtiz, le cambió la vida. El film en el que Humphrey Bogart, más bajito que la actriz sueca de 1,75, tuvo que subirse en una tarima para rodar unos de los más bellos primeros planos del cine, fue un éxito inesperado hasta para los propios productores, y convirtió a Ingrid en todo un icono confirmado al año siguiente con su nominación al Oscar por “Por quién doblan las campanas” (1943), de Sam Wood, basada en la obra homónima de Hemingway, que aunque no se lo llevó, se desquitó al año siguiente al recibirlo por “Luz de gas” (1944), de George Cukor.


   También trabajó 3 veces con Hitchcock, pasando a ser, junto a Grace Kelly, una de las actrices que más colaboró con el director y productor británico, y sobre todo, una de sus primeras rubias, para lo que la actriz, esta vez sí accedió a teñirse el pelo. Con él, rodó “Recuerda” (1945), Atormentada” (1949) y “Encadenados” (1946), junto a su gran amigo Cary Grant, con el que protagonizó uno de los besos más largos de la época gracias al ingenio del orondo director, que burló la censura al mantenerlos pegaditos 2 minutos y medio, enlazando, uno tras otro, besos que duraban escrupulosamente los 3 segundos permitidos.


   Para entonces, la mente, y dicen que también el corazón de Bergman, estaban ocupados por el fotógrafo Robert Capa, con el que -al parecer- mantuvo una corta relación. Fue él quien le recomendó la película neorrealista “Roma, ciudad abierta” (1946), de Roberto Rossellini, que impactó tanto a la actriz que escribió inmediatamente al director italiano para trabajar con él: “Si necesita una actriz sueca que habla el inglés perfectamente, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés y que del italiano solo sabe decir “Ti amo”, estoy dispuesta a acudir para hacer una película con usted”. Pocos meses después, Ingrid viajó a Roma para rodar “Stromboli” (1950) a sus órdenes. Lo que iba a ser un viaje de ida y vuelta, se transformó en un exilio feliz y forzoso, que la retuvo durante más de una década.


   Tras superar las duras condiciones del contrato, redactado por Petter, que tal vez como marido supo intuir lo que estaba a punto de suceder, Bergman comenzó el rodaje, y con él, una relación con el director italiano. En 1948, la portada de Life en la que se veía a Bergman y Rossellini, dio la vuelta al mundo extendiendo los rumores de un romance, que se confirmó con el embarazo de la actriz, que en 1950 dio a luz a Roberto, con el consiguiente divorcio del doctor Lindstrom y el rápido matrimonio de la nueva pareja en México. Aquella noticia enfureció a la sociedad más puritana y a una iglesia católica, que vieron en aquella relación un peligroso ejemplo público de adulterio. Repudiada, despreciada públicamente, insultada, amenazada, e incluso, declarada persona non grata por el gobierno de los Estados Unidos, Ingrid Bergman comenzó una nueva vida en Italia, desterrada por el mismo público que antes la había idolatrado, pero con el apoyo de grandes amigos como Ernest Hemingway que la animó frecuentemente por vía postal.


   Junto a Rossellini, Bergman tuvo, en 1952, otras 2 hijas, las gemelas Isabella e Isotta, y realizó 5 películas más, “Europa 51” (1951), “Te querré siempre” (1952), “Nosotras las mujeres” (1953), “Giovanna D’Arco al rogo” (1954) y “Ya no creo en el amor” (1954), que no alcanzaron el éxito esperado, y que junto a los celos del director que sólo dejaba a la actriz participar en sus películas, y a la ruina económica que obligó a Rossellini a permitir que Ingrid trabajara con su amigo Jean Renoir en “Elena y los hombres” (1956), remataron una relación con los días contados.


   Aquel año, fue el de la recuperación, y con la industria cinematográfica americana mucho más tolerante, el nombre de Bergman sonó de nuevo con fuerza para varios proyectos, entre ellos “Anastasia” (1956), de Anatole Litvak, una producción americana rodada en Londres, con la que la actriz ganó su segundo Oscar, que aún tuvo que recoger en su nombre su amigo Cary Grant, y que fue el remate para Roberto Rossellini, cansado de ser solo el señor Bergman. En 1957, casi una década después del destierro, Ingrid pudo ver de nuevo a su hija Pia; en 1958, rehizo su vida con el productor teatral sueco, Lars Schmidt; y por fin, en 1959, pisó tierra americana por primera vez después de su castigo. Lo hizo vestida de gala para entregar el Oscar a la Mejor Película. Cuando pisó el escenario, la sala rompió en una aplauso que dejó claro que lo pasado, pasado estaba. En 1974, llegó su tercer Oscar, esta vez como actriz de reparto por “Asesinato en el Orient Express” (1974), de Sidney Lumet; en 1975, se separó de Lars, y le diagnosticaron cáncer de mama; y en 1976, Ingrid e Isabella, madre e hija, actuaron como veterana una, y debutante la otra, en “Nina” (A matter of time), de Vincente Minnelli.


   Ingrid nunca dejó de trabajar. En 1978, recibió su última candidatura a los Oscar por su papel en “Sonata de otoño”, del sueco Ingmar Bergman. Supo envejecer con dignidad, y enferma terminal, hizo caso omiso de su estado para trasladarse a Israel y grabar “Una mujer llamada Golda” (1982), una miniserie de televisión en la que interpretó a la ex primera ministra israelí Golda Meir, por la que ganó, a título póstumo, el premio Emmy a la Mejor Actriz. Pocos meses, después de finalizar el rodaje, Ingrid Bergman murió en su casa de Londres, tras celebrar con champagne su 67 cumpleaños. Sus cenizas viajaron a Suecia como último deseo de la actriz.


PD (nº1) cinematográfica: Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, se estrena el documental “Ingrid Bergman, en sus propias palabras”, fruto de 4 años de trabajo del sueco Stig Björkman y que ya se pudo ver en el pasado Festival de Cannes, que además eligió a la actriz para su cartel oficial. Un festival que en 1946 proyectó “Roma, ciudad abierta” de Rossellini, el film que tanto influiría en la actriz y que dio el pistoletazo de salida al neorrealismo italiano.


PD (nº2) teatral: El 12 de septiembre de 2015, Isabella Rossellini y Jeremy Irons representarán por única vez “The Ingrid Berman Tribute” en la Brooklyn Academy of Music, obra en el que recordarán a la actriz con la lectura de algunos fragmentos sus memorias.


PD (nº3) fotográfica: Isabella Rossellini también resumió su vida a través de imágenes en el libro Ingrid Bergman. A life in Pictures, de la editorial Schirmer/Mosel, con casi 400 fotografías inéditas de la actriz.


PD (nº4) chismosa: Roberto, el primer hijo que la actriz tuvo con Rossellini, fue con el tiempo uno de los novios de Carolina de Mónaco; mientras que Isabella siguió los pasos de su madre, como actriz y modelo, y llegó a ser pareja de David Lynch con quien realizó “Corazón salvaje”, Palma de Oro en Cannes en 1990.


PD (nº5) genética: Elettra Wiedermann, hija de Isabella Rossellini y nieta de Ingrid Bergman, heredó la belleza de su abuela. Hoy, es una conocida modelo, imagen de Lancôme, favorita de Karl Lagerfeld y portada de prestigiosas revistas como Vogue o Elle.


PD (nº6) curiosa: En 2012, el actor Leonardo DiCaprio compró en una subasta de Sotheby’s, por 450.000 euros, el mítico piano que tocaba Sam en “Casablanca”. 


                                              (De Lidia Martín, el 25 de agosto de 2015)


Referencias útiles:
(Mi PETiT) HOMENAJE A iNGRiD GERGMAN EN MADRiD


¿CUÁNDO? Del Jueves 03 al Domingo 13 de septiembre de 2015.


¿QUÉ? Desde el Cine Estudio recuerdan el centenario del nacimiento de Ingrid Bergman con tres películas con las que hacen un homenaje a su figura como actriz. Para no perdértelas, consulta la Programación.


¿DÓNDE? En el Cine Estudio del CBA
Calle de Alcalá, 42
28014 Madrid
913 892 426
M Banco de España / Sevilla


¿CUÁNTO? 5,50 euros.


Para seguir los pasos póstumos de iNGRiD BERGMAN, conéctate en inglés a su web y su Facebook.


[Volver a Mi Petit FilmotecaCallejero o Blogosfera]

   Ajena a unos cánones hollywoodienses, que superó gracias a su fuerte personalidad y demostrando que atractivo y talento no siempre están reñidos, fue una de las mujeres más bellas del siglo XX. Imparable, arriesgada y con las ideas muy claras, Ingrid Bergman nunca miró atrás, marcó la diferencia entre actriz y estrella, evitó el encasillamiento trabajando en 5 idiomas (sueco, alemán, inglés, italiano y francés) para grandes directores, y logró ser la segunda mujer más oscarizada de la historia con 3 estatuillas. Hoy, Sábado 29 de agosto de 2015, al cumplirse el centenario de su nacimiento, el mismo día en el que curiosamente también murió la actriz a la que el mismísimo Goebbles tentó para ser la diva del Tercer Reich, inolvidable en su papel de Ilsa en “Casablanca” (1942), que cuando parecía tenerlo todo decidió abandonarlo por amor en uno de los escándalos más sonados del séptimo arte, sigue siendo (después de Katharine Hepburn, Bette Davis y Audrey Hepburn según los expertos del American Film Institute) la estrella más importante de la historia del cine.


   Ingrid Bergman nació en Estocolmo en 1915, tal y como ella misma contó en su diario adolescente: “con un carácter terco y salvaje”. Su infancia transcurrió entre pérdidas y mudanzas, pues su madre, la alemana Friedel Adler, falleció cuando la pequeña solo tenía 2 años, y su padre, el sueco Justus Bergman, un fotógrafo para el que Ingrid posaba con todo tipo de disfraces, murió apenas 11 años después. Huérfana, la niña pasó primero al cuidado de una hermana paterna, que también falleció, y finalmente, bajo la tutela de otro tío paterno, Otto, que la vio crecer.


   Desde muy pequeña, tuvo claro que quería ser actriz. Veía en esa profesión la mejor manera de superar su gran timidez y de ponerse en el papel de otros que nunca llegaría a ser. Con solo 16 años, se estrenó con “Landskamp” (1932), de Gunnar Skoglund (una película de la que se perdió el rastro), y se presentó, a pesar de la oposición de su tío, a las pruebas de acceso del Royal Dramatic Theater School de Estocolmo, llegando al acuerdo de que si no la admitían, abandonaría su sueño. Pero lo logró, y en 1933, con 18 años, entró en la misma escuela -donde había estudiado Greta Garbo-, después de una audición interrumpida, que le llevó a pensar que había sido rechazada, cuando en realidad, el jurado solo había necesitado unos segundos para saber que estaban frente a una chica con un talento innato.


   Su primer trabajo oficial llegó con “Munkbrogreven” (1935), de Edvin Adolphson, y con él, un sinfín de títulos que fue enlazando hasta que el éxito de “Intermezzo” (1936), de Gustav Molander, con el que realizó 7 películas más y que la puso en el punto de mira.


   Famosa ya en Suecia, Ingrid se casó con 22 años con Petter Lindström, un dentista y después neurocirujano que siempre apoyó su carrera, fue su representante, y la animó a probar suerte más allá de su país, aprovechando su dominio del alemán y del inglés. No hizo falta, pues el éxito de “Intermezzo” llegó a oídos -y ojos- de David O. Selznick, mítico productor de la época dorada de Hollywood. En cuanto el artífice -entre otras películas- de “Lo que el viento se llevó” (1939), descubrió a aquella joven, compró los derechos de la cinta sueca, y mandó un mensajero de la Metro Goldwyn Mayer con un larguísimo contrato para Ingrid Bergman, que acababa de ser mamá, en 1938, de su primera hija Pia Lindström.


   En 1939, la actriz se trasladó con su familia a Estados Unidos, y nada más llegar, se negó a seguir la recomendación de Selznick de adaptarse a la estética del momento. Bergman no permitió que le tocaran nada, ni dientes, ni nariz, ni cejas, y ni tan siquiera su nombre, haciendo de aquella naturalidad su seña de identidad y su mayor atributo. Tal y como era –después, eso sí, de un estricto régimen-, rodó la versión yanqui de “Intermezzo” (1939), dirigida por Gregory Ratoff, que arrasó y enamoró a toda una generación de románticas jovencitas, que empezaron a soñar con aquel hombre casado que lo dejaba todo al conocer al personaje interpretado por Bergman, a la que curiosamente, tiempo después, machacarían sin piedad al protagonizar, esta vez en la vida real, una historia similar junto al director italiano Rossellini.


   Su carrera en Hollywood no había hecho más que empezar, pero cansada de ser siempre la guapa, exigió papeles diferentes, y no paró hasta conseguir ser la buscona en “El extraño caso del Dr. Jekyll” (1941), de Víctor Fleming. También probó suerte en Broadway, donde triunfó especialmente en los años 40, y por fin en 1942, la cinta “Casablanca”, de Michael Curtiz, le cambió la vida. El film en el que Humphrey Bogart, más bajito que la actriz sueca de 1,75, tuvo que subirse en una tarima para rodar unos de los más bellos primeros planos del cine, fue un éxito inesperado hasta para los propios productores, y convirtió a Ingrid en todo un icono confirmado al año siguiente con su nominación al Oscar por “Por quién doblan las campanas” (1943), de Sam Wood, basada en la obra homónima de Hemingway, que aunque no se lo llevó, se desquitó al año siguiente al recibirlo por “Luz de gas” (1944), de George Cukor.


   También trabajó 3 veces con Hitchcock, pasando a ser, junto a Grace Kelly, una de las actrices que más colaboró con el director y productor británico, y sobre todo, una de sus primeras rubias, para lo que la actriz, esta vez sí accedió a teñirse el pelo. Con él, rodó “Recuerda” (1945), Atormentada” (1949) y “Encadenados” (1946), junto a su gran amigo Cary Grant, con el que protagonizó uno de los besos más largos de la época gracias al ingenio del orondo director, que burló la censura al mantenerlos pegaditos 2 minutos y medio, enlazando, uno tras otro, besos que duraban escrupulosamente los 3 segundos permitidos.


   Para entonces, la mente, y dicen que también el corazón de Bergman, estaban ocupados por el fotógrafo Robert Capa, con el que -al parecer- mantuvo una corta relación. Fue él quien le recomendó la película neorrealista “Roma, ciudad abierta” (1946), de Roberto Rossellini, que impactó tanto a la actriz que escribió inmediatamente al director italiano para trabajar con él: “Si necesita una actriz sueca que habla el inglés perfectamente, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés y que del italiano solo sabe decir “Ti amo”, estoy dispuesta a acudir para hacer una película con usted”. Pocos meses después, Ingrid viajó a Roma para rodar “Stromboli” (1950) a sus órdenes. Lo que iba a ser un viaje de ida y vuelta, se transformó en un exilio feliz y forzoso, que la retuvo durante más de una década.


   Tras superar las duras condiciones del contrato, redactado por Petter, que tal vez como marido supo intuir lo que estaba a punto de suceder, Bergman comenzó el rodaje, y con él, una relación con el director italiano. En 1948, la portada de Life en la que se veía a Bergman y Rossellini, dio la vuelta al mundo extendiendo los rumores de un romance, que se confirmó con el embarazo de la actriz, que en 1950 dio a luz a Roberto, con el consiguiente divorcio del doctor Lindstrom y el rápido matrimonio de la nueva pareja en México. Aquella noticia enfureció a la sociedad más puritana y a una iglesia católica, que vieron en aquella relación un peligroso ejemplo público de adulterio. Repudiada, despreciada públicamente, insultada, amenazada, e incluso, declarada persona non grata por el gobierno de los Estados Unidos, Ingrid Bergman comenzó una nueva vida en Italia, desterrada por el mismo público que antes la había idolatrado, pero con el apoyo de grandes amigos como Ernest Hemingway que la animó frecuentemente por vía postal.


   Junto a Rossellini, Bergman tuvo, en 1952, otras 2 hijas, las gemelas Isabella e Isotta, y realizó 5 películas más, “Europa 51” (1951), “Te querré siempre” (1952), “Nosotras las mujeres” (1953), “Giovanna D’Arco al rogo” (1954) y “Ya no creo en el amor” (1954), que no alcanzaron el éxito esperado, y que junto a los celos del director que sólo dejaba a la actriz participar en sus películas, y a la ruina económica que obligó a Rossellini a permitir que Ingrid trabajara con su amigo Jean Renoir en “Elena y los hombres” (1956), remataron una relación con los días contados.


   Aquel año, fue el de la recuperación, y con la industria cinematográfica americana mucho más tolerante, el nombre de Bergman sonó de nuevo con fuerza para varios proyectos, entre ellos “Anastasia” (1956), de Anatole Litvak, una producción americana rodada en Londres, con la que la actriz ganó su segundo Oscar, que aún tuvo que recoger en su nombre su amigo Cary Grant, y que fue el remate para Roberto Rossellini, cansado de ser solo el señor Bergman. En 1957, casi una década después del destierro, Ingrid pudo ver de nuevo a su hija Pia; en 1958, rehizo su vida con el productor teatral sueco, Lars Schmidt; y por fin, en 1959, pisó tierra americana por primera vez después de su castigo. Lo hizo vestida de gala para entregar el Oscar a la Mejor Película. Cuando pisó el escenario, la sala rompió en una aplauso que dejó claro que lo pasado, pasado estaba. En 1974, llegó su tercer Oscar, esta vez como actriz de reparto por “Asesinato en el Orient Express” (1974), de Sidney Lumet; en 1975, se separó de Lars, y le diagnosticaron cáncer de mama; y en 1976, Ingrid e Isabella, madre e hija, actuaron como veterana una, y debutante la otra, en “Nina” (A matter of time), de Vincente Minnelli.


   Ingrid nunca dejó de trabajar. En 1978, recibió su última candidatura a los Oscar por su papel en “Sonata de otoño”, del sueco Ingmar Bergman. Supo envejecer con dignidad, y enferma terminal, hizo caso omiso de su estado para trasladarse a Israel y grabar “Una mujer llamada Golda” (1982), una miniserie de televisión en la que interpretó a la ex primera ministra israelí Golda Meir, por la que ganó, a título póstumo, el premio Emmy a la Mejor Actriz. Pocos meses, después de finalizar el rodaje, Ingrid Bergman murió en su casa de Londres, tras celebrar con champagne su 67 cumpleaños. Sus cenizas viajaron a Suecia como último deseo de la actriz.


PD (nº1) cinematográfica: Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, se estrena el documental “Ingrid Bergman, en sus propias palabras”, fruto de 4 años de trabajo del sueco Stig Björkman y que ya se pudo ver en el pasado Festival de Cannes, que además eligió a la actriz para su cartel oficial. Un festival que en 1946 proyectó “Roma, ciudad abierta” de Rossellini, el film que tanto influiría en la actriz y que dio el pistoletazo de salida al neorrealismo italiano.


PD (nº2) teatral: El 12 de septiembre de 2015, Isabella Rossellini y Jeremy Irons representarán por única vez “The Ingrid Berman Tribute” en la Brooklyn Academy of Music, obra en el que recordarán a la actriz con la lectura de algunos fragmentos sus memorias.


PD (nº3) fotográfica: Isabella Rossellini también resumió su vida a través de imágenes en el libro Ingrid Bergman. A life in Pictures, de la editorial Schirmer/Mosel, con casi 400 fotografías inéditas de la actriz.


PD (nº4) chismosa: Roberto, el primer hijo que la actriz tuvo con Rossellini, fue con el tiempo uno de los novios de Carolina de Mónaco; mientras que Isabella siguió los pasos de su madre, como actriz y modelo, y llegó a ser pareja de David Lynch con quien realizó “Corazón salvaje”, Palma de Oro en Cannes en 1990.


PD (nº5) genética: Elettra Wiedermann, hija de Isabella Rossellini y nieta de Ingrid Bergman, heredó la belleza de su abuela. Hoy, es una conocida modelo, imagen de Lancôme, favorita de Karl Lagerfeld y portada de prestigiosas revistas como Vogue o Elle.


PD (nº6) curiosa: En 2012, el actor Leonardo DiCaprio compró en una subasta de Sotheby’s, por 450.000 euros, el mítico piano que tocaba Sam en “Casablanca”. 


                                              (De Lidia Martín, el 25 de agosto de 2015)


Referencias útiles:
(Mi PETiT) HOMENAJE A iNGRiD GERGMAN EN MADRiD


¿CUÁNDO? Del Jueves 03 al Domingo 13 de septiembre de 2015.


¿QUÉ? Desde el Cine Estudio recuerdan el centenario del nacimiento de Ingrid Bergman con tres películas con las que hacen un homenaje a su figura como actriz. Para no perdértelas, consulta la Programación.


¿DÓNDE? En el Cine Estudio del CBA
Calle de Alcalá, 42
28014 Madrid
913 892 426
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¿CUÁNTO? 5,50 euros.


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CRÓNiCA SENTiMENTAL:
LA DAMA DE ELCHE

Según cuenta la leyenda, el 04 de agosto de l897, Manolico (Manuel Campillo Esclápez), un chico de 14 años que estaba realizando...

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CRÓNiCA SENTiMENTAL:
LA DAMA DE ELCHE

Según cuenta la leyenda, el 04 de agosto de l897, Manolico (Manuel Campillo Esclápez), un chico de 14 años que estaba realizando... 

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Mi PETiT FiNDE
(31 de julio, 01 y 02 de agosto de 2015)

Para saber lo que se cuece en la capital este fin de semana, consulta Mi Petit Agenda de Tu Petit Madrid...

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Mi PETiT VERANO (nº23):
¿LAS VACACiONES ESTÁN SOBREVALORADAS?

Todos soñamos con tomarlas. Si para unos, riman con farniente, y para otros, con cosas pendientes, se agradecen igualmente...

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II RUTA CiNÉFiLA
POR LOS CiNES DE VERANO DE LA ViLLA

Para pasar un verano de cine en la Villa, consulta Mi (segunda) Petit Ruta cinéfila bajo el cielo estrellado madrileño...

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(Mi PETiT) HOMENAJE A ViNCENT VAN GOGH,
EL PiNCEL PELiRROJO

Torturado, enfermo, obsesivo y entregado, el pintor Vincent Van Gogh, uno de los mayores representantes del postimpresionismo...

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