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ZAPATELAS
COSiENDO EL PARO

ZAPATELAS
COSiENDO EL PARO

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   Su nombre no deja mucho hueco a la imaginación, pero su significado reivindica la importancia de esas pisadas pequeñas que alimentadas por las buenas intenciones pueden alcanzar las metas más lejanas. Zapatelas es también el nombre del lugar donde comenzaron a venderse esos patucos infantiles unisex, cosidos por personas en riesgo de exclusión social, casi siempre reclusas del Centro Penitenciario Madrid VI Aranjuez. De allí salen también las Manuelitas, preciosas muñecas de trapo articuladas, con frondosas coletas de lanas de colores.


   No es un proyecto reciente, pero sorprende su permanente puesta al día. Zapatelas data de 2011 y su origen se relaciona enseguida con el nombre de la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Sus tres décadas como vocal del Consejo General del Poder Judicial, y su compromiso con los desfavorecidos la llevaron a ponerse al frente de una sociedad limitada, llamada Yayos Emprendedores, empeñada en combatir los rigores del creciente desempleo.


   Buscando una salida para una pila de telas, herencia de su abuela, comenzaron a diseñar  patrones de pequeños zapatitos de colores, cosidos con primor por las mujeres del penal sevillano de Alcalá de Guaraira, y desde entonces, el proyecto no ha dejado de crecer a pesar de que, por razones que no hace falta explicar, Carmena dejó de dedicarle el tiempo necesario, copado casi por completo por su dedicación a la alcaldía de Madrid. Entonces, tomó el relevo la ONG Cosiendo el Paro, que trabaja con reclusos y reclusas de los centros de Aranjuez y Alcalá Meco. Gracias a la colaboración de asociaciones como La Fortuna, Fundación Lacalle y Amigos del Padre Llanos, procuran que mujeres paradas e inmigrantes acudan a los talleres de inserción social, impartidos por el equipo de Zapatelas, encabezado ahora por María Noguerol (retratada aquí).


   El lugar es una casa de muñecas a escala natural. María organiza los estantes, diseña patrones, acude a buscar telas, y supervisa cualquier manufactura para lo que, periódicamente, visita las cárceles donde reside su valiosa y valiente mano de obra: “Los talleres ocupacionales funcionan de maravilla, con personas de diferentes nacionalidades, mujeres en su mayoría. La asistencia es voluntaria, pero si venden, comienzan a ganar algún dinero. Es un plan de reinserción real, desde el momento en que buscamos trabajo a los reclusos para que tengan una salida digna cuando acaba su condena”. 


   Por ejemplo, en el caso de Giovanni, un joven sastre que se perdió un mal día por el lado salvaje, y hoy, en libertad condicional, recién casado y con las cosas claras, ha conseguido un excelente informe de sicólogos y trabajadores sociales, que sin duda cambiará para bien el veredicto de los jueces: “Giovanni comenzó confeccionando Manuelitas. Al salir de la cárcel le conseguimos la máquina de coser que nos pidió y está cosiendo para