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Mi PETiT NAViDAD (nº5):
LA HiSTORiA DE LOS ViLLANCiCOS

Mi PETiT NAViDAD (nº5):
LA HiSTORiA DE LOS ViLLANCiCOS

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   Es inevitable. Como cada año por estas fechas, unas cuantas melodías navideñas ocuparán machaconamente nuestras cabezas. Por mucho que intentemos resistirnos, por más que tarareemos otras canciones cuando escuchemos sus primeros y temidos compases, tarde o temprano, caeremos en la trampa: cava, turrón o uva en mano, estaremos cantando un villancico a pleno pulmón, rodeados de familiares o amigos. Llegados a este punto, lo mejor es dejarse llevar y, claro está, disfrutar. Y, si en ese instante de felicidad, alguien se atreve a dirigir una mirada con retintín, ¡adelántate!, porque todo en esta vida tiene su explicación y por supuesto, estas canciones populares también. ¿O es que no sabes de dónde vienen?


   Cuenta la leyenda que, en el siglo VI, San Prudencio, patrón de Álava, hizo parada y fonda con unos pastores durante un viaje de Armentia al Duero. Aprovechando el encuentro, el clérigo vasco les habló de Jesús cantando historias de Navidad. Y así, entre ovejas y estrellas, nació el primer villancico patrio. Pero, fuera de nuestras fronteras, ya se nos habían adelantado los franceses, que aún hoy se jactan de que, en el siglo IV, San Hilario de Poitiers se había marcado el villancico más antiguo hasta el momento, titulado “Jesús refulsit ómnium” (Jesús lo ilumina todo), un himno musical sobre el nacimiento de Cristo.


   Su nombre deriva de la palabra “villa”, una población que superaba a las aldeas en habitantes y privilegios, y donde los villanos -en el buen sentido de la palabra- le daban al cante en las fiestas, celebradas bajo cualquier excusa. Su métrica parece ser heredera del zéjel, una composición popular de los musulmanes españoles, y antes de llamarse como hoy todos conocemos, se les denominó “villancejos” y “villancetes”. El término “villancico” no se usó hasta el siglo XV y fue gracias a Iñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana, que tituló así una de sus composiciones. Por entonces, los pegadizos estribillos no hablaban de religión o temas sagrados como ahora. Todo lo que cantaban era profano, gustoso y daba buena fe o, mejor dicho, buena cuenta, de los acontecimientos y grandes hitos ocurridos en los pueblos y alrededores. En ellos, la plebe criticaba, reía, recordaba, satirizaba y anunciaba desde amoríos a cotilleos políticos, pasando por buenas nuevas, nacimientos y como no, muertes. Ya entonces, la costumbre era alternar estrofas pensadas para un solista, con estribillos para ser cantados por un coro.


   La muestra más antigua que se conserva de esta tradición oral es el Cancionero de Stúñiga (1458), que debe su nombre al autor del tema que abre el manuscrito, Lope de Zúñiga, un aristócrata y rapsoda navarro. Conservada en la Biblioteca Nacional de España, la obra recopila la producción poética de la corte de Alfonso V de Aragón, que emocionado al conquistar Nápoles en 1443, se rodeó de juglares castellanos, aragoneses y catalanes que dieron rienda suelta a su arte bajo el influjo del Quattrocento italiano. Con los Reyes Católicos, llegó el Cancionero de la Colombina (1490), un ejemplar que, compró en el siglo XVI un gran amante de los libros, Hernando, hijo del mismísimo Cristóbal Colón, que añadió ese tesoro a su impresionante biblioteca de más de 15.000 volúmenes que tras su muerte, pasó al fondo literario de la Catedral de Sevilla, conocida como la Colombina. También de aquella época se remonta el Cancionero de Palacio o Barbieri, un compendio de la música que se estilaba durante las casi 4 décadas (de 1479 a 1516) de mandato de los Católicos Fernando e Isabel, cuando el villancico y el romance eran lo más.


   En aquellos tiempos, el maestro en la materia era Juan de Encina (1468-1529), un poeta y dramaturgo considerado el precursor del teatro español y cuya interpretación, en 1492, ante los duques de Alba -a los que prestaba servicio organizando fiestas y escribiendo música y comedias-, de 2 poemas en los que unos pastores anunciaban el nacimiento de Cristo, le hizo de oro y llamó la atención del poder eclesiástico. En efecto, la Iglesia, siempre al acecho de las más efectivas maneras de evangelizar, empezó a echar mano de los villancicos para amenizar sus oficios religiosos en fechas señaladas como el Corpus Christi o la Navidad. De cantar a los amores y desamores se pasó a hablar de la anunciación y la Trinidad y, sobre todo, del nacimiento de Jesús.


   El despliegue de medios fue tal, que las grandes catedrales añadieron a su personal un maestro de capilla, es decir, un compositor de prestigio, que ayudado por varios músicos se dedicaban exclusivamente a inventar nuevas melodías como, por ejemplo, el cura Francisco Guerrero, un compositor cuya fama por entonces podría ser comparable a la actual de Alejandro Sanz. El afán conquistador de la Iglesia llevó estos cánticos y su mensaje también a la América colonial, donde tuvieron la delicadeza de añadir palabras de los idiomas o dialectos indígenas para conseguir una mayor aceptación. De aquella época, se conserva el Cancionero del Duque de Calabria o de Upsala -ciudad sueca donde se guarda la única copia-, y el Cancionero de Medinaceli. A estas alturas, a las voces ya se le había sumado una viola de arco que luego daría paso a la guitarra, hoy protagonista junto a la botella de anís de los típicos arranques navideños.


   Con el tiempo, las composiciones llegaron a ser tan populares que acapararon la producción musical del siglo XVII y no había celebración religiosa o fecha señalada en el calendario católico, sin villancico al canto. Además, el órgano hizo su aparición en escena, es decir, en la Iglesia, adquiriendo una solemnidad cada vez mayor. Pero, el villancico había llegado a su máximo esplendor ya que la entrada del nuevo siglo firmaría el principio del fin. Aunque la influencia italiana de la época hizo que los poetas buscaran mayor calidad, el pueblo siguió a lo suyo multiplicando las versiones y de paso, las parodias, lo que provocó que, en 1765, la Iglesia más conservadora, cansada de ser objeto de burla, prohibiera los villancicos en las liturgias.


   Aún así, los que hoy canturreamos sin parar vienen de estos años y uno de sus mayores exponentes fue el padre (Antonio) Soler, organista y director del coro del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Una música que a pesar de cantar a Jesús, despierta el ansia consumista, las ganas de comer turrón, la necesidad de adornar un árbol y el deseo de esquiar, mucho más que el afán de adorar a la Virgen, a San José y al niño que está en la cuna… Ande, ande, ande


PD histórico-popular (nº1): Tal vez el villancico patrio por excelencia sea precisamente la “Marimorena”, del que dicen podría estar inspirado en una tabernera de la Cava Baja madrileña llamada María Morena o María la morena, que en 1702 formó parte de los escandalosos que celebraban a su manera la Navidad, con tambores, panderetas y zambombas, cuyo sonido entorpecía la misa de San Francisco. Aunque los hay que defienden que es en honor a la Virgen María, conocida en varios puntos de España como la Morena o la Moreneta, y que la tabernera sólo se lleva el ruidoso honor de dar sentido a la frase “armar la marimorena”.


PD histórico popular (nº2): Otro de los grandes hit es “Noche de paz” del que cuentan que nació la tarde del 23 de diciembre de 1818, cuando el párroco austríaco Joseph Mohr que estaba preparando la Misa del Gallo, se dio cuenta de que su órgano (bueno, el de la iglesia), había dejado de funcionar. Lejos de venirse abajo, el joven sacerdote compuso en un santiamén, nunca mejor dicho, una cancioncita para que pudiera interpretarse con lo que tenía a mano, una guitarra, y así nació Stille nacht.


PD (nº3) internacional: En Inglaterra, los villancicos se dieron a conocer en el siglo XV, como dignos herederos de un género musical llamado “carol” (del francés “carole”), que acompañaba a los bailes populares que celebraban fechas especiales como la cosecha o la Navidad.


PD (nº4) de récord: El que ostenta “Blanca Navidad” de Irving Berlin, cantada por Bing Crosby. Un villancico que llegó a vender más de 50 millones de copias en el mundo, pasando a engrosar el libro Guinness de los récords como el tema más vendido de la historia.


                                (De Lidia Martín, el 03 de diciembre de 2014)


Referencias útiles:
¿DÓNDE ESCUCHAR ViLLANCiCOS EN MADRiD?


(1) En todas las tiendas y grandes superficies que tengan hilo musical, durante todo el periodo navideño.


(2) En el Auditorio Nacional de Música


¿CUÁNDO? El 20 de diciembre de 2014, a las 11h30.


¿QUÉ? Dentro del ciclo En Familia, la Fundación Excelentia (también en Facebook y Twitter) organiza el concierto navideño "Villancicos del Mundo y Clásicos Disney", interpretado por la Sociedad Coral Excelentia y la Orquesta Clásica Santa Cecilia. "Una velada mañanera con los cánticos populares, tanto españoles como de otras partes del mundo, más representativos de la Navidad. Villancicos como “Noche de Paz”, “Oh Holy Night” o “We Wish You A Merry Christmas” sonarán junto con una selección de las mejores canciones pertenecientes a películas de la Compañía Walt Disney.


¿DÓNDE? En el Auditorio Nacional de Música
Calle del Príncipe de Vergara, 146
28002 Madrid
913 370 340
M Cruz del Rayo / Prosperidad


¿CUÁNTO? Entre 18 y 28 euros aquí.


[Volver a Mi Petit DiscotecaCallejero o Blogosfera]

   Es inevitable. Como cada año por estas fechas, unas cuantas melodías navideñas ocuparán machaconamente nuestras cabezas. Por mucho que intentemos resistirnos, por más que tarareemos otras canciones cuando escuchemos sus primeros y temidos compases, tarde o temprano, caeremos en la trampa: cava, turrón o uva en mano, estaremos cantando un villancico a pleno pulmón, rodeados de familiares o amigos. Llegados a este punto, lo mejor es dejarse llevar y, claro está, disfrutar. Y, si en ese instante de felicidad, alguien se atreve a dirigir una mirada con retintín, ¡adelántate!, porque todo en esta vida tiene su explicación y por supuesto, estas canciones populares también. ¿O es que no sabes de dónde vienen?


   Cuenta la leyenda que, en el siglo VI, San Prudencio, patrón de Álava, hizo parada y fonda con unos pastores durante un viaje de Armentia al Duero. Aprovechando el encuentro, el clérigo vasco les habló de Jesús cantando historias de Navidad. Y así, entre ovejas y estrellas, nació el primer villancico patrio. Pero, fuera de nuestras fronteras, ya se nos habían adelantado los franceses, que aún hoy se jactan de que, en el siglo IV, San Hilario de Poitiers se había marcado el villancico más antiguo hasta el momento, titulado “Jesús refulsit ómnium” (Jesús lo ilumina todo), un himno musical sobre el nacimiento de Cristo.


   Su nombre deriva de la palabra “villa”, una población que superaba a las aldeas en habitantes y privilegios, y donde los villanos -en el buen sentido de la palabra- le daban al cante en las fiestas, celebradas bajo cualquier excusa. Su métrica parece ser heredera del zéjel, una composición popular de los musulmanes españoles, y antes de llamarse como hoy todos conocemos, se les denominó “villancejos” y “villancetes”. El término “villancico” no se usó hasta el siglo XV y fue gracias a Iñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana, que tituló así una de sus composiciones. Por entonces, los pegadizos estribillos no hablaban de religión o temas sagrados como ahora. Todo lo que cantaban era profano, gustoso y daba buena fe o, mejor dicho, buena cuenta, de los acontecimientos y grandes hitos ocurridos en los pueblos y alrededores. En ellos, la plebe criticaba, reía, recordaba, satirizaba y anunciaba desde amoríos a cotilleos políticos, pasando por buenas nuevas, nacimientos y como no, muertes. Ya entonces, la costumbre era alternar estrofas pensadas para un solista, con estribillos para ser cantados por un coro.


   La muestra más antigua que se conserva de esta tradición oral es el Cancionero de Stúñiga (1458), que debe su nombre al autor del tema que abre el manuscrito, Lope de Zúñiga, un aristócrata y rapsoda navarro. Conservada en la Biblioteca Nacional de España, la obra recopila la producción poética de la corte de Alfonso V de Aragón, que emocionado al conquistar Nápoles en 1443, se rodeó de juglares castellanos, aragoneses y catalanes que dieron rienda suelta a su arte bajo el influjo del Quattrocento italiano. Con los Reyes Católicos, llegó el Cancionero de la Colombina (1490), un ejemplar que, compró en el siglo XVI un gran amante de los libros, Hernando, hijo del mismísimo Cristóbal Colón, que añadió ese tesoro a su impresionante biblioteca de más de 15.000 volúmenes que tras su muerte, pasó al fondo literario de la Catedral de Sevilla, conocida como la Colombina. También de aquella época se remonta el Cancionero de Palacio o Barbieri, un compendio de la música que se estilaba durante las casi 4 décadas (de 1479 a 1516) de mandato de los Católicos Fernando e Isabel, cuando el villancico y el romance eran lo más.


   En aquellos tiempos, el maestro en la materia era Juan de Encina (1468-1529), un poeta y dramaturgo considerado el precursor del teatro español y cuya interpretación, en 1492, ante los duques de Alba -a los que prestaba servicio organizando fiestas y escribiendo música y comedias-, de 2 poemas en los que unos pastores anunciaban el nacimiento de Cristo, le hizo de oro y llamó la atención del poder eclesiástico. En efecto, la Iglesia, siempre al acecho de las más efectivas maneras de evangelizar, empezó a echar mano de los villancicos para amenizar sus oficios religiosos en fechas señaladas como el Corpus Christi o la Navidad. De cantar a los amores y desamores se pasó a hablar de la anunciación y la Trinidad y, sobre todo, del nacimiento de Jesús.


   El despliegue de medios fue tal, que las grandes catedrales añadieron a su personal un maestro de capilla, es decir, un compositor de prestigio, que ayudado por varios músicos se dedicaban exclusivamente a inventar nuevas melodías como, por ejemplo, el cura Francisco Guerrero, un compositor cuya fama por entonces podría ser comparable a la actual de Alejandro Sanz. El afán conquistador de la Iglesia llevó estos cánticos y su mensaje también a la América colonial, donde tuvieron la delicadeza de añadir palabras de los idiomas o dialectos indígenas para conseguir una mayor aceptación. De aquella época, se conserva el Cancionero del Duque de Calabria o de Upsala -ciudad sueca donde se guarda la única copia-, y el Cancionero de Medinaceli. A estas alturas, a las voces ya se le había sumado una viola de arco que luego daría paso a la guitarra, hoy protagonista junto a la botella de anís de los típicos arranques navideños.


   Con el tiempo, las composiciones llegaron a ser tan populares que acapararon la producción musical del siglo XVII y no había celebración religiosa o fecha señalada en el calendario católico, sin villancico al canto. Además, el órgano hizo su aparición en escena, es decir, en la Iglesia, adquiriendo una solemnidad cada vez mayor. Pero, el villancico había llegado a su máximo esplendor ya que la entrada del nuevo siglo firmaría el principio del fin. Aunque la influencia italiana de la época hizo que los poetas buscaran mayor calidad, el pueblo siguió a lo suyo multiplicando las versiones y de paso, las parodias, lo que provocó que, en 1765, la Iglesia más conservadora, cansada de ser objeto de burla, prohibiera los villancicos en las liturgias.


   Aún así, los que hoy canturreamos sin parar vienen de estos años y uno de sus mayores exponentes fue el padre (Antonio) Soler, organista y director del coro del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Una música que a pesar de cantar a Jesús, despierta el ansia consumista, las ganas de comer turrón, la necesidad de adornar un árbol y el deseo de esquiar, mucho más que el afán de adorar a la Virgen, a San José y al niño que está en la cuna… Ande, ande, ande


PD histórico-popular (nº1): Tal vez el villancico patrio por excelencia sea precisamente la “Marimorena”, del que dicen podría estar inspirado en una tabernera de la Cava Baja madrileña llamada María Morena o María la morena, que en 1702 formó parte de los escandalosos que celebraban a su manera la Navidad, con tambores, panderetas y zambombas, cuyo sonido entorpecía la misa de San Francisco. Aunque los hay que defienden que es en honor a la Virgen María, conocida en varios puntos de España como la Morena o la Moreneta, y que la tabernera sólo se lleva el ruidoso honor de dar sentido a la frase “armar la marimorena”.


PD histórico popular (nº2): Otro de los grandes hit es “Noche de paz” del que cuentan que nació la tarde del 23 de diciembre de 1818, cuando el párroco austríaco Joseph Mohr que estaba preparando la Misa del Gallo, se dio cuenta de que su órgano (bueno, el de la iglesia), había dejado de funcionar. Lejos de venirse abajo, el joven sacerdote compuso en un santiamén, nunca mejor dicho, una cancioncita para que pudiera interpretarse con lo que tenía a mano, una guitarra, y así nació Stille nacht.


PD (nº3) internacional: En Inglaterra, los villancicos se dieron a conocer en el siglo XV, como dignos herederos de un género musical llamado “carol” (del francés “carole”), que acompañaba a los bailes populares que celebraban fechas especiales como la cosecha o la Navidad.


PD (nº4) de récord: El que ostenta “Blanca Navidad” de Irving Berlin, cantada por Bing Crosby. Un villancico que llegó a vender más de 50 millones de copias en el mundo, pasando a engrosar el libro Guinness de los récords como el tema más vendido de la historia.


                                (De Lidia Martín, el 03 de diciembre de 2014)


Referencias útiles:
¿DÓNDE ESCUCHAR ViLLANCiCOS EN MADRiD?


(1) En todas las tiendas y grandes superficies que tengan hilo musical, durante todo el periodo navideño.


(2) En el Auditorio Nacional de Música


¿CUÁNDO? El 20 de diciembre de 2014, a las 11h30.


¿QUÉ? Dentro del ciclo En Familia, la Fundación Excelentia (también en Facebook y Twitter) organiza el concierto navideño "Villancicos del Mundo y Clásicos Disney", interpretado por la Sociedad Coral Excelentia y la Orquesta Clásica Santa Cecilia. "Una velada mañanera con los cánticos populares, tanto españoles como de otras partes del mundo, más representativos de la Navidad. Villancicos como “Noche de Paz”, “Oh Holy Night” o “We Wish You A Merry Christmas” sonarán junto con una selección de las mejores canciones pertenecientes a películas de la Compañía Walt Disney.


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