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Mi PETiT FANZiNE:
EL TEATRO DE LA COMEDiA

Mi PETiT FANZiNE:
EL TEATRO DE LA COMEDiA

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   Debe su nombre a un Real Decreto del 07 de febrero de 1849 (que determinó que en la ciudad de Madrid existirían, entre otros, un teatro de Declamación, denominado Teatro Español, y otros 4, que acogerían representaciones de Drama, de Lírico español, de Lírico italiano, y de la Comedia) (1); su sede al arquitecto Agustín Ortiz de Villajos, perteneciente a la corriente de la arquitectura ecléctica y neo mudéjar; sus primeros éxitos al actor y director de escena Emilio Mario, que acabó con todos los convencionalismos escénicos imperantes; su feliz reconversión y renombre actual a la Compañía Nacional de Teatro Clásico; y su longevidad al público madrileño. Detrás de su reluciente fachada remozada, el Teatro de La Comedia, que según la Guía de Madrid, escrita por Fernández de los Ríos en 1876, era uno de los corrales más bellos y cómodos de la capital, abre este año un nuevo capítulo de su historia.


   Todo empezó en 1874 cuando el empresario de salas de fiestas y juego de azar, con ánimo de lucro y posteridad, Silverio López de Larraínzar, decidió diversificar sus actividades, construyendo sobre las plantas inferiores de un edificio de viviendas, que le pertenecía, un gran teatro a la italiana (con platea con forma de herradura)... pero con guiños decorativos a las actividades con las que había hecho fortuna. ¿El resultado? Después de un pequeño contratiempo logístico (cuenta la leyenda que, poco antes de terminarse las obras, alguien preguntó: “¿Dónde están los camerinos?”. Al parecer, el arquitecto, que pensaba que “los cómicos iban ya vestidos y maquillados al teatro desde sus casas”, no los había proyectado, y hubo de adquirirse el edifico trasero para habilitarlos), el 18 de septiembre de 1875, dos estatuas de bronce de un encantador de serpientes y un malabarista, dieron la bienvenida a los asistentes, entre los cuales se encontraba el joven y recién restaurado rey Alfonso XII, y su hermana, la princesa Isabel.


   Después del atardecer, el telón, pintado por José Vallejo (en el que había representado el Templo de la Inmortalidad), se abrió delante de los 1.035 (ó 1.082, según las fuentes) espectadores, que habían tomado asiento en el patio de butacas, tapizadas en terciopelo carmesí (dotado de un ingenioso mecanismo de poleas, diseñado por Egidio Piccoli, que permitía su elevación a la altura del escenario para convertirlo en una gran sala de baile), y los 48 palcos (12 por piso), con el forjado de las barandillas con motivos de copas, espadas y bastos de la baraja española. Y ante la expectativa de los asistentes, la Compañía del ecléctico Emilio Mario representó “El espejo de cuerpo entero”, la pieza en 1 acto de Diego Luque, y “Me voy a Madrid”, la comedia original en 3 actos de Manuel Bretón de los Herreros. Huelga decir que el éxito fue total, y el nuevo coliseo conquistó al minuto el corazón de la aristocracia y la burguesía copiona.


   Antes de acabar el siglo, el Teatro de la Comedia pasó del alumbrado con gas al eléctrico. En 1897, para seguir siendo el teatro más “favorecido” del noble público, el arquitecto Francisco Andrés Octavio se ocupó de modificar los 3 vanos centrales de la planta baja sustituyéndolos por un arco semicircular, y de paso, añadió nuevos detalles decorativos para embellecer el cuerpo central de la fachada (1). Y después de pasar brevemente a manos del empresario vasco Luciano Berriatúa, el avispado empresario y abogado riojano, afincado en la capital, Tirso Escudero se hizo con el Teatro de la Comedia en 1902 sin saber que su hijo y su nieto seguirían sus pasos.


   Para darle aún más vidilla al asunto, el nuevo promotor compró un local colindante al teatro para montar un café de estilo modernista. De techos bajos y poco iluminado a pesar de sus grandes ventanales, el no menos acogedor local, bautizado El Gato Negro (en honor al célebre café homónimo parisiense), se inauguró el 22 de octubre de 1907, y rápidamente acudieron reconocidos autores de la época como Valle-Inclán o John Dos Passos (que mencionó El Gato Negro en su obra Rocinante vuelve al camino), para asistir a la tertulia de Jacinto Benavente hasta que un timbre avisaba a la clientela del inicio de la función a la que se podía acceder franqueando una pequeña puerta que comunicaba con el vestíbulo del teatro, sin necesidad de salir a la calle por la puerta giratoria del café (ver la ilustración), que cerró definitivamente un 04 de septiembre de 1956 (2).


   Como todo gran teatro que se precie, La Comedia (ver la ilustración) sufrió un devastador incendio el 18 de abril de 1915. Según cuentan las crónicas de la época, que confirmó Rafael Herrera, el hijo del conserje del teatro que pernoctaba en el coliseo, el fuego se originó al saltar una chispa de la caldera de vapor “que, haciendo presa en los telares, propagó las llamas rápidamente a la embocadura y la sala, convirtiendo el local en una imponente hoguera”. Las imágenes que acompañaron el suceso, dejaron constancia de la gravedad del suceso: el techo se desplomó sobre el patio de butacas, y el telón, los decorados y los vestuarios de la obra que se representaba por entonces, “El orgullo de Albacete”, de Pedro Weber, quedaron totalmente calcinados. Pero, por fortuna, no hubo que lamentar pérdidas humanas. El arquitecto municipal Luis Bellido fue el encargado de la reconstrucción del teatro. Sustituyó la estructura de madera y hierro por hormigón, y aprovechó la obra para añadir dos escaleras más y un vestíbulo.


   La historia del Teatro de la Comedia cuenta con nombres de grandes artistas. En él, actores como María Guerrero, Margarita Xirgú (la musa de Lorca), María Asquerino o Fernando Fernán-Gómez; obtuvieron los primeros éxitos de sus carreras; intentó abrirse camino como actor Valle Inclán; debutó el dramaturgo Benavente; dieron a conocer sus obras autores como Pérez Galdós, el Nobel José de Echegaray, Joaquín Dicenta, Pedro Muñoz Seca y Enrique Jardiel Poncela; se estrenaron títulos tan populares como “Rosas de otoño(1909), “La venganza de don Mendo” (1918) y Anacleto se divorcia” (1932); también se produjeron encontronazos con la censura como por ejemplo cuando Marsillach montó por primera vez “El Tartufo” en 1969, o cuando se estrenó “Castañuela 70”; y finalmente, los primeros desnudos integrales de la escena española se produjeron con “Equus” en 1975 (3).


   Paralelamente a su exitosa historia teatral, cabe recordar que La Comedia también fue escenario de algunos actos políticos significativos y (vistos con perspectiva histórica) premonitorios. El 24 de mayo de 1914, José Ortega y Gasset dio una conferencia sobre la “Vieja y Nueva política”, en el Teatro de la Comedia, condenando la dicotomía Monarquía versus República al poner de relieve la existencia de dos Españas, una oficial “que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida”, y otra “España Vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta en entrar de lleno en la historia”. Del 10 al 18 de diciembre de 1919, el II Congreso de la CNT tuvo lugar en el Teatro de la Comedia sin saber que la organización anarquista entraría en la clandestinidad el 13 de septiembre de 1923 con el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera, hasta la proclamación de la II República en 1931. Y el 29 de octubre de 1933, José Antonio, hijo del general y dictador Miguel Primo de Rivera, pronunció el discurso fundacional de la Falange Española de las J.O.N.S., que una placa conmemorativa, colocada en 1971 por el entonces alcalde, Carlos Arias Navarro, recordaría hasta hace bien poco.


   En 1986, el Teatro de la Comedia fue arrendado al tercer Tirso Escudero por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) como sede provisional de la recién creada Compañía Nacional de Teatro Clásico, por Adolfo Marsillach, hasta que, en 1999, el Estado compró el teatro así como cinco de los pisos del edificio, consolidando de esta forma La Comedia como sede estable y definitiva de la Compañía. Pero, el mes de abril de 2002, el teatro fue cerrado al público para someterse a una amplia reforma, ya que la construcción de 1875 pedía a gritos una rehabilitación. El proyecto, que contaba con un presupuesto inicial de más de 27 millones de euros, no solo no superó sino que se quedó en poco más de 20, según fuentes oficiales.


   Las obras de restauración y ampliación del recinto, llevadas a cabo por los arquitectos (Sebastián) Araujo y (Jaime) Nadal, que según el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, “han conseguido salvaguardar el valor patrimonial histórico que tiene el edificio y adaptarlo a las necesidades técnicas de un teatro clásico del siglo XXI”, concluyeron el pasado 14 de julio de 2015. Además de la construcción de un gran aljibe que garantice el funcionamiento del nuevo sistema de extinción de incendios, la restauración del lienzo original del techo (una serie de pechinas árabes) y de las barandillas de palcos y escaleras, la reposición de todas las pinturas decorativas de la sala, y la ampliación de su superficie en 750 m², ha permitido la creación de un nuevo espacio multidisciplinar (de 300 m² con un aforo de 100 personas), llamada Sala Tirso de Molina, “que servirá para los ensayos de la CNTC y para el desarrollo de talleres, laboratorios de creación y actividades pedagógicas, entre otros proyectos”, según la directora general del iNAEM, Montserrat Iglesias.


   Finalmente, cuando el teatro echó el cierre en 2002, se acababa de representar “La dama boba”, dirigida por Helena Pimenta, que ahora vuelve siendo directora del Teatro y al frente también de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Para la reapertura del Teatro de la Comedia y de la Temporada, Helena ha elegido la obra de Calderón de la Barca, “El Alcalde de Zalamea”, porque "necesitaba reflexionar sobre el abuso que se produce por parte de gente que domina los medios económicos y demás hacia la gente más humilde que, sin embargo, tiene una enorme dignidad. La reivindicación del honor como conciencia personal y un derecho humano que tenemos en este mundo que a veces no acabas de entender, parecía un motor anímico muy adecuado para contar una tragedia que ha atravesado siglos y en la que Calderón cuenta una historia bellísima" (4).


   Ya saben, tanto en la vida como el Teatro de La Comedia, entre broma y broma, la verdad se asoma...


PD (nº1) enigmática: Después de 45 años, la placa conmemorativa de mármol (de casi 200 kilos de peso histórico), que recogía que  “José Antonio convocó a la juventud española para una ilusionada empresa de entrega, de pasión y de sacrificio por una Patria mejor. Al grabar con letras de bronce la memoria de aquel acto, el ayuntamiento de Madrid cumple con fidelidad y con honor el dejar constancia de la fecha fundacional de Falange Española”, con el símbolo falangista del yugo y las flechas debajo del texto, ha sido retirada a principios de 2015, por “alguien del PP” -dicen-, sin previo aviso, ni autorización municipal. Sin embargo, cuando en septiembre de 2014, el entonces directo del iNAM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), Miguel Ángel Recio, anunció el final de las obras del Teatro, aseguró que no estaba previsto retirarla... el tiempo dirá...


PD (nº2) callejera: Desde finales de 2011 hasta principios de octubre de 2015, la valla metálica de obra, que tapaba las puertas arqueadas del Teatro de La Comedia durante su renovación, se convirtió en galería de arte efímera gracias a las chicas de la Galería de Magdalena, Reichel e Isa, que (casi) cada domingo a las 12h, regalaban arte al viandante. ¡Descubre la nueva ubicación de sus #RegalosUrbanos en su web!


Referencias útiles:
TEATRO DE LA COMEDiA

Calle del Príncipe, 14
28012 Madrid
915 214 931
M Sevilla


Programación:El Alcalde de Zalamea”, de Pedro Calderón de la Barca, a partir del Viernes 16 de octubre hasta el Domingo 20 de diciembre de 2015, de Miércoles a Sábado, a las 20h; y los Domingos y Martes, a las 19h. Precio: de 4 a 24 euros.


Para seguir los pasos (re)creativos del TEATRO DE LA COMEDiA, conéctate a la web de la COMPAÑíA NACiONAL DE TEATRO CLÁSiCO (también en Facebook y Twitter).


PD (nº3) fanzinera: Si te ha gustado esta crónica sentimental, ¡no te pierdas Mi Petit Fanzine sobre la historia del Teatro de la Comedia, ilustrado por Sara FratiniJoaquín González DoraoTheresa LüePlumas de Colores y Jara Domínguez, en venta en la librería Con Tarima (Calle del Príncipe, 17; M Sevilla).


PD (nº4) bibliográfica:
- “El Teatro en Madrid (1583-1925)”, del Ayuntamiento de Madrid para el Museo Municipal, Feb-Marzo 1983;
- “Teatro de La Comedia: entre el cierre y el fuego”, de Antonio Castro para la revista Actores.es, 01.III.2010 (3);
- “Obras de rehabilitación y ampliación del Teatro de La Comedia”, por el gabinete de prensa del Ministerio de Cultura, 22.II.2010 (1);
- Tesis de doctorado “Cartelera teatral en ABC de Madrid (2000-2004)”, de Anita Viola, UNED, 2011-2012;
- “Café El Gato Negro”, de M.R. Giménez para el blog Antiguos café de Madrid y otras cosas de la Villa, 11.iX.2011 (2);
- “La Comedia a un año vista”, de Antonio Castro para Madriddiario.es, 09.IX.2014;
- “Una breve aproximación a los corrales de comedias”, de Titinet para el blog De Rebus Matritensis, 05.I.2015;
- “El Teatro de la Comedia pone fin al drama”, de Prado Campos para el Confidencial, 20.VII.2015 (4);
- “¡Por fin! El Teatro de la Comedia”, de Rosana Torres para El País, 21.VII.2015;


[Volver a Mi Petit Callejero o Blogosfera]

   Debe su nombre a un Real Decreto del 07 de febrero de 1849 (que determinó que en la ciudad de Madrid existirían, entre otros, un teatro de Declamación, denominado Teatro Español, y otros 4, que acogerían representaciones de Drama, de Lírico español, de Lírico italiano, y de la Comedia) (1); su sede al arquitecto Agustín Ortiz de Villajos, perteneciente a la corriente de la arquitectura ecléctica y neo mudéjar; sus primeros éxitos al actor y director de escena Emilio Mario, que acabó con todos los convencionalismos escénicos imperantes; su feliz reconversión y renombre actual a la Compañía Nacional de Teatro Clásico; y su longevidad al público madrileño. Detrás de su reluciente fachada remozada, el Teatro de La Comedia, que según la Guía de Madrid, escrita por Fernández de los Ríos en 1876, era uno de los corrales más bellos y cómodos de la capital, abre este año un nuevo capítulo de su historia.


   Todo empezó en 1874 cuando el empresario de salas de fiestas y juego de azar, con ánimo de lucro y posteridad, Silverio López de Larraínzar, decidió diversificar sus actividades, construyendo sobre las plantas inferiores de un edificio de viviendas, que le pertenecía, un gran teatro a la italiana (con platea con forma de herradura)... pero con guiños decorativos a las actividades con las que había hecho fortuna. ¿El resultado? Después de un pequeño contratiempo logístico (cuenta la leyenda que, poco antes de terminarse las obras, alguien preguntó: “¿Dónde están los camerinos?”. Al parecer, el arquitecto, que pensaba que “los cómicos iban ya vestidos y maquillados al teatro desde sus casas”, no los había proyectado, y hubo de adquirirse el edifico trasero para habilitarlos), el 18 de septiembre de 1875, dos estatuas de bronce de un encantador de serpientes y un malabarista, dieron la bienvenida a los asistentes, entre los cuales se encontraba el joven y recién restaurado rey Alfonso XII, y su hermana, la princesa Isabel.


   Después del atardecer, el telón, pintado por José Vallejo (en el que había representado el Templo de la Inmortalidad), se abrió delante de los 1.035 (ó 1.082, según las fuentes) espectadores, que habían tomado asiento en el patio de butacas, tapizadas en terciopelo carmesí (dotado de un ingenioso mecanismo de poleas, diseñado por Egidio Piccoli, que permitía su elevación a la altura del escenario para convertirlo en una gran sala de baile), y los 48 palcos (12 por piso), con el forjado de las barandillas con motivos de copas, espadas y bastos de la baraja española. Y ante la expectativa de los asistentes, la Compañía del ecléctico Emilio Mario representó “El espejo de cuerpo entero”, la pieza en 1 acto de Diego Luque, y “Me voy a Madrid”, la comedia original en 3 actos de Manuel Bretón de los Herreros. Huelga decir que el éxito fue total, y el nuevo coliseo conquistó al minuto el corazón de la aristocracia y la burguesía copiona.


   Antes de acabar el siglo, el Teatro de la Comedia pasó del alumbrado con gas al eléctrico. En 1897, para seguir siendo el teatro más “favorecido” del noble público, el arquitecto Francisco Andrés Octavio se ocupó de modificar los 3 vanos centrales de la planta baja sustituyéndolos por un arco semicircular, y de paso, añadió nuevos detalles decorativos para embellecer el cuerpo central de la fachada (1). Y después de pasar brevemente a manos del empresario vasco Luciano Berriatúa, el avispado empresario y abogado riojano, afincado en la capital, Tirso Escudero se hizo con el Teatro de la Comedia en 1902 sin saber que su hijo y su nieto seguirían sus pasos.


   Para darle aún más vidilla al asunto, el nuevo promotor compró un local colindante al teatro para montar un café de estilo modernista. De techos bajos y poco iluminado a pesar de sus grandes ventanales, el no menos acogedor local, bautizado El Gato Negro (en honor al célebre café homónimo parisiense), se inauguró el 22 de octubre de 1907, y rápidamente acudieron reconocidos autores de la época como Valle-Inclán o John Dos Passos (que mencionó El Gato Negro en su obra Rocinante vuelve al camino), para asistir a la tertulia de Jacinto Benavente hasta que un timbre avisaba a la clientela del inicio de la función a la que se podía acceder franqueando una pequeña puerta que comunicaba con el vestíbulo del teatro, sin necesidad de salir a la calle por la puerta giratoria del café (ver la ilustración), que cerró definitivamente un 04 de septiembre de 1956 (2).


   Como todo gran teatro que se precie, La Comedia (ver la ilustración) sufrió un devastador incendio el 18 de abril de 1915. Según cuentan las crónicas de la época, que confirmó Rafael Herrera, el hijo del conserje del teatro que pernoctaba en el coliseo, el fuego se originó al saltar una chispa de la caldera de vapor “que, haciendo presa en los telares, propagó las llamas rápidamente a la embocadura y la sala, convirtiendo el local en una imponente hoguera”. Las imágenes que acompañaron el suceso, dejaron constancia de la gravedad del suceso: el techo se desplomó sobre el patio de butacas, y el telón, los decorados y los vestuarios de la obra que se representaba por entonces, “El orgullo de Albacete”, de Pedro Weber, quedaron totalmente calcinados. Pero, por fortuna, no hubo que lamentar pérdidas humanas. El arquitecto municipal Luis Bellido fue el encargado de la reconstrucción del teatro. Sustituyó la estructura de madera y hierro por hormigón, y aprovechó la obra para añadir dos escaleras más y un vestíbulo.


   La historia del Teatro de la Comedia cuenta con nombres de grandes artistas. En él, actores como María Guerrero, Margarita Xirgú (la musa de Lorca), María Asquerino o Fernando Fernán-Gómez; obtuvieron los primeros éxitos de sus carreras; intentó abrirse camino como actor Valle Inclán; debutó el dramaturgo Benavente; dieron a conocer sus obras autores como Pérez Galdós, el Nobel José de Echegaray, Joaquín Dicenta, Pedro Muñoz Seca y Enrique Jardiel Poncela; se estrenaron títulos tan populares como “Rosas de otoño(1909), “La venganza de don Mendo” (1918) y Anacleto se divorcia” (1932); también se produjeron encontronazos con la censura como por ejemplo cuando Marsillach montó por primera vez “El Tartufo” en 1969, o cuando se estrenó “Castañuela 70”; y finalmente, los primeros desnudos integrales de la escena española se produjeron con “Equus” en 1975 (3).


   Paralelamente a su exitosa historia teatral, cabe recordar que La Comedia también fue escenario de algunos actos políticos significativos y (vistos con perspectiva histórica) premonitorios. El 24 de mayo de 1914, José Ortega y Gasset dio una conferencia sobre la “Vieja y Nueva política”, en el Teatro de la Comedia, condenando la dicotomía Monarquía versus República al poner de relieve la existencia de dos Españas, una oficial “que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida”, y otra “España Vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta en entrar de lleno en la historia”. Del 10 al 18 de diciembre de 1919, el II Congreso de la CNT tuvo lugar en el Teatro de la Comedia sin saber que la organización anarquista entraría en la clandestinidad el 13 de septiembre de 1923 con el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera, hasta la proclamación de la II República en 1931. Y el 29 de octubre de 1933, José Antonio, hijo del general y dictador Miguel Primo de Rivera, pronunció el discurso fundacional de la Falange Española de las J.O.N.S., que una placa conmemorativa, colocada en 1971 por el entonces alcalde, Carlos Arias Navarro, recordaría hasta hace bien poco.


   En 1986, el Teatro de la Comedia fue arrendado al tercer Tirso Escudero por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) como sede provisional de la recién creada Compañía Nacional de Teatro Clásico, por Adolfo Marsillach, hasta que, en 1999, el Estado compró el teatro así como cinco de los pisos del edificio, consolidando de esta forma La Comedia como sede estable y definitiva de la Compañía. Pero, el mes de abril de 2002, el teatro fue cerrado al público para someterse a una amplia reforma, ya que la construcción de 1875 pedía a gritos una rehabilitación. El proyecto, que contaba con un presupuesto inicial de más de 27 millones de euros, no solo no superó sino que se quedó en poco más de 20, según fuentes oficiales.


   Las obras de restauración y ampliación del recinto, llevadas a cabo por los arquitectos (Sebastián) Araujo y (Jaime) Nadal, que según el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, “han conseguido salvaguardar el valor patrimonial histórico que tiene el edificio y adaptarlo a las necesidades técnicas de un teatro clásico del siglo XXI”, concluyeron el pasado 14 de julio de 2015. Además de la construcción de un gran aljibe que garantice el funcionamiento del nuevo sistema de extinción de incendios, la restauración del lienzo original del techo (una serie de pechinas árabes) y de las barandillas de palcos y escaleras, la reposición de todas las pinturas decorativas de la sala, y la ampliación de su superficie en 750 m², ha permitido la creación de un nuevo espacio multidisciplinar (de 300 m² con un aforo de 100 personas), llamada Sala Tirso de Molina, “que servirá para los ensayos de la CNTC y para el desarrollo de talleres, laboratorios de creación y actividades pedagógicas, entre otros proyectos”, según la directora general del iNAEM, Montserrat Iglesias.


   Finalmente, cuando el teatro echó el cierre en 2002, se acababa de representar “La dama boba”, dirigida por Helena Pimenta, que ahora vuelve siendo directora del Teatro y al frente también de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Para la reapertura del Teatro de la Comedia y de la Temporada, Helena ha elegido la obra de Calderón de la Barca, “El Alcalde de Zalamea”, porque "necesitaba reflexionar sobre el abuso que se produce por parte de gente que domina los medios económicos y demás hacia la gente más humilde que, sin embargo, tiene una enorme dignidad. La reivindicación del honor como conciencia personal y un derecho humano que tenemos en este mundo que a veces no acabas de entender, parecía un motor anímico muy adecuado para contar una tragedia que ha atravesado siglos y en la que Calderón cuenta una historia bellísima" (4).


   Ya saben, tanto en la vida como el Teatro de La Comedia, entre broma y broma, la verdad se asoma...


PD (nº1) enigmática: Después de 45 años, la placa conmemorativa de mármol (de casi 200 kilos de peso histórico), que recogía que  “José Antonio convocó a la juventud española para una ilusionada empresa de entrega, de pasión y de sacrificio por una Patria mejor. Al grabar con letras de bronce la memoria de aquel acto, el ayuntamiento de Madrid cumple con fidelidad y con honor el dejar constancia de la fecha fundacional de Falange Española”, con el símbolo falangista del yugo y las flechas debajo del texto, ha sido retirada a principios de 2015, por “alguien del PP” -dicen-, sin previo aviso, ni autorización municipal. Sin embargo, cuando en septiembre de 2014, el entonces directo del iNAM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), Miguel Ángel Recio, anunció el final de las obras del Teatro, aseguró que no estaba previsto retirarla... el tiempo dirá...


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TEATRO DE LA COMEDiA

Calle del Príncipe, 14
28012 Madrid
915 214 931
M Sevilla


Programación:El Alcalde de Zalamea”, de Pedro Calderón de la Barca, a partir del Viernes 16 de octubre hasta el Domingo 20 de diciembre de 2015, de Miércoles a Sábado, a las 20h; y los Domingos y Martes, a las 19h. Precio: de 4 a 24 euros.


Para seguir los pasos (re)creativos del TEATRO DE LA COMEDiA, conéctate a la web de la COMPAÑíA NACiONAL DE TEATRO CLÁSiCO (también en Facebook y Twitter).


PD (nº3) fanzinera: Si te ha gustado esta crónica sentimental, ¡no te pierdas Mi Petit Fanzine sobre la historia del Teatro de la Comedia, ilustrado por Sara FratiniJoaquín González DoraoTheresa LüePlumas de Colores y Jara Domínguez, en venta en la librería Con Tarima (Calle del Príncipe, 17; M Sevilla).


PD (nº4) bibliográfica:
- “El Teatro en Madrid (1583-1925)”, del Ayuntamiento de Madrid para el Museo Municipal, Feb-Marzo 1983;
- “Teatro de La Comedia: entre el cierre y el fuego”, de Antonio Castro para la revista Actores.es, 01.III.2010 (3);
- “Obras de rehabilitación y ampliación del Teatro de La Comedia”, por el gabinete de prensa del Ministerio de Cultura, 22.II.2010 (1);
- Tesis de doctorado “Cartelera teatral en ABC de Madrid (2000-2004)”, de Anita Viola, UNED, 2011-2012;
- “Café El Gato Negro”, de M.R. Giménez para el blog Antiguos café de Madrid y otras cosas de la Villa, 11.iX.2011 (2);
- “La Comedia a un año vista”, de Antonio Castro para Madriddiario.es, 09.IX.2014;
- “Una breve aproximación a los corrales de comedias”, de Titinet para el blog De Rebus Matritensis, 05.I.2015;
- “El Teatro de la Comedia pone fin al drama”, de Prado Campos para el Confidencial, 20.VII.2015 (4);
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