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Mi PETiT FANZiNE:
EL MUSEO DEL ROMANTiCiSMO

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EL MUSEO DEL ROMANTiCiSMO

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   Neoclásico con dejes barrocos por fuera y romántico como eje temático por dentro, el Palacio del Marqués de Matallana fue proyectado y construido, en 1776, por Manuel Martín Rodríguez, discípulo pero, ante todo, sobrino (o hijo natural, según cotilleos (¿infundados?) de la época) del célebre Ventura Rodríguez que aparentemente dejó en herencia algo más que refrescantes fuentes e imponentes palacios en la capital. Después de cambiar de dueño y de escudo en 1850 -al pasar a la propiedad de los condes de la Puebla del Maestre-, el luminoso edificio en forma de “L” acogió brevemente, a principios del siglo XX, bajo sus preciosas molduras alquiladas, las oficinas de la editorial Calpe y, después, de la Comisaría Regia de Turismo y de la Cultura Artística, hasta encontrar su destino gracias a don Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer -mecenas y II Marqués epónimo- que lo convirtió en el primer Museo Romántico de España, en 1924. Detrás de su fachada y de cada pieza que ampara, el denominado Museo del Romanticismo, desde su reapertura en 2009, tras ocho años de reforma y con un nuevo nombre de pila, no solo recrea la vida cotidiana de la alta burguesía española del siglo XIX sino también se adentra en dicho movimiento artístico, a la vez, sublime y mórbido, que surgió del tópico (literario) “Mal del Siglo”... más de actualidad que nunca...


   Sin entrar en el debate etimológico que alimentó a principios del siglo XIX, el Romanticismo encontró su razón de ser en el famoso movimiento político y literario dieciochesco, “Sturm und Drang” (“Tormenta e ímpetu”), que había nacido en reacción al absolutismo reinante y en contra del racionalismo exultante del siglo de Las Luces. Las ideas del movimiento estético alemán, en busca y captura de la libertad individual a cualquier precio, no tardaron en cruzar las fronteras francesas (pos)revolucionarias napoleónicas así como las británicas victorianas para conquistar progresivamente el corazón de los artistas europeos, con la sensibilidad a flor de piel. Si bien es verdad que el Romanticismo, complejo y confuso, hasta contradictorio a veces, nunca llegó a imponerse del todo en una España sin revolución industrial sino con una restauración política radical con Fernando VII (1808-1933), aprovechó como pudo el reinado de Isabel II (1833-1868) para impregnar las Artes y las mentalidades de sus ansias de libertad y de belleza.


   Para hablar claro, nombres como Mariano José de Larra (1809-1837) en literatura, José Zorrilla (1817-1893) en teatro, José de Espronceda (1808-1842) en poesía y Francisco de Goya (1746-1828) en pintura están grabados en nuestra memoria colectiva pero demasiado  selectiva como para recordar que fueron los máximos exponentes del Romanticismo español. Gracias a la gran labor del militar por tradición familiar y artista vocacional, Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer (1858-1942), que dedicó literalmente toda su vida a recuperar y difundir el patrimonio cultural español, el Romanticismo español así como el siglo XIX de cuya Historia nadie quería acordarse por su “desastre” final encontraron un lugar donde expresarse y exponerse.  


   En 1897, para poder dedicar toda su agenda y fortuna a comprar obras de arte por Europa, América y África, el pintor, restaurador, mecenas, filántropo y viajero empedernido, Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, pidió una excedencia ilimitada -lo que no le impidió seguir ascendiendo en el escalafón militar. A modo de anécdota (o no ya que le abrió más de una puerta), en 1898, el futuro capitán (en 1906), comandante (en 1914) y teniente coronel (en 1918) se convirtió, por los pelos (y a la gran sorpresa de su hermano mayor), en el II Marqués de la Vega-Inclán al solicitar el título nobiliario de su padre, fallecido en 1884, “un día antes del vencimiento de la supresión del Marquesado si nadie lo reclamaba”. “Movido por su deseo de atraer viajeros a España”, don Benigno, el noble amigo personal y consejo cultural de Alfonso XIII, contribuyó a mejorar las infraestructuras del país y fundó 3 museos que donaría al Estado español después de su rehabilitación: la Casa-Museo del Greco en Toledo, en 1911, la Casa de Cervantes en Valladolid, en 1915, y, finalmente, “su obra más deseada”, el Museo Romántico de la madrileña calle de San Mateo que se inauguró una primera vez, en 1924, como entidad privada y una segunda, en 1924, como institución estatal.


   Concebido, desde el principio, como casa-pinacoteca gracias a donaciones y adquisiciones de pinturas, mobiliario, objetos decorativos y ajuares de la época “isabelina” española, el Museo despertó el interés de muchos intelectuales y artistas, amigos cercanos o conocidos de don Benigno como, por ejemplo, el Marqués de Cerralbo, el pintor Joaquín Sorolla y, más tarde, el poeta Rafael Alberti que aceptó el puesto de director de dicho museo durante la Guerra Civil. Pero, tras el conflicto, el “pequeño” Museo tuvo que esperar el nuevo milenio para volver a ocupar la atención que se merece no solo en las guías turísticas sino también en la vida cultural madrileña.


   Después de 9 años de un intenso trabajo de documentación e investigación, el Museo del Romanticismo reabrió sus puertas el 03 de diciembre de 2009, con un nuevo nombre de bautizo (más lógico, la verdad), para ofrecer a sus visitantes un paseo histórico único por el olvidado siglo XIX. Gracias a sus más de 1.400 piezas de época, expuestas en las 26 dependencias de la casa-museo, los visitantes podrán captar la esencia de la “atmósfera vivida” por la alta burguesía decimonónica con su “correspondencia psicológica” y artística y comprobar, al final de su viaje en el tiempo, el despertar de su alma romántica con los divertidos juegos de pistas que proponen los ordenadores del Museo. Didáctico y ameno, el Museo también dispone de una página web (hiper)interactiva que permite visitar virtualmente cada una de las salas del museo, detenernos en los objetos que llevan informativos Códigos QR y encontrar recursos tanto para el profesorado como para el alumnado para obtener una visión global del Romanticismo.


   Finalmente, el “Mal del Siglo” -la famosa expresión romántica sin dueño declarado pero con muchos adeptos-, concentró en 3 palabras el desencanto que experimentaron, a principios del siglo XIX, las nuevas generaciones europeas frente a la corrupción de las élites políticas, a la modernización de las estructuras económicas y a la consiguiente negación del individuo en busca de señas de identidad y de espiritualidad. ¿Quién dijo que la Historia (no solo del Arte) es un eterno recomienzo?


Referencias útiles:
MUSEO DEL ROMANTiCiSMO
Calle de San Mateo, 13
28004 Madrid
914 481 045
M Tribunal / Alonso Martínez


Horario de invierno (verano) del Museo y del Café del Jardín:
- De Martes a Sábado: de 9h30 a 18h30 (20h30, de mayo a octubre).
- Los Domingos y Festivos: de 10h a 15h.
PD
: El Museo del Romanticismo pone a disposición del público un itinerario autónomo para que se pueda recorrer el Museo libremente, aprendiendo y disfrutando de este "museo de las cosas pequeñas". Podrás solicitar gratuitamente tu itinerario en taquilla, o descargártelo aquí y ahoraPD: Hay que reservar para grupos de más de 5 personas, con 15 días de antelación, al 914 480 163 (de Lunes a Viernes, de 9h a 15h).

Precios:
- Entrada general: 3 euros (reducida: 1,50 euros).
- Abonos Museos de Madrid: 18 euros.
- Tarjeta anual del Museo del Romanticismo: 25 euros
- Tarjeta conjunta de Museos Estatales: 36,05 euros.

Para seguir los pasos (re)creativos del MUSEO DEL ROMANTiCiSMO, conéctate a su web, su canal YouTube, su Facebook y su Twitter. Y para conocer mejor el CAFÉ DEL JARDíN, conéctate a su web y su Facebook.

   Neoclásico con dejes barrocos por fuera y romántico como eje temático por dentro, el Palacio del Marqués de Matallana fue proyectado y construido, en 1776, por Manuel Martín Rodríguez, discípulo pero, ante todo, sobrino (o hijo natural, según cotilleos (¿infundados?) de la época) del célebre Ventura Rodríguez que aparentemente dejó en herencia algo más que refrescantes fuentes e imponentes palacios en la capital. Después de cambiar de dueño y de escudo en 1850 -al pasar a la propiedad de los condes de la Puebla del Maestre-, el luminoso edificio en forma de “L” acogió brevemente, a principios del siglo XX, bajo sus preciosas molduras alquiladas, las oficinas de la editorial Calpe y, después, de la Comisaría Regia de Turismo y de la Cultura Artística, hasta encontrar su destino gracias a don Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer -mecenas y II Marqués epónimo- que lo convirtió en el primer Museo Romántico de España, en 1924. Detrás de su fachada y de cada pieza que ampara, el denominado Museo del Romanticismo, desde su reapertura en 2009, tras ocho años de reforma y con un nuevo nombre de pila, no solo recrea la vida cotidiana de la alta burguesía española del siglo XIX sino también se adentra en dicho movimiento artístico, a la vez, sublime y mórbido, que surgió del tópico (literario) “Mal del Siglo”... más de actualidad que nunca...


   Sin entrar en el debate etimológico que alimentó a principios del siglo XIX, el Romanticismo encontró su razón de ser en el famoso movimiento político y literario dieciochesco, “Sturm und Drang” (“Tormenta e ímpetu”), que había nacido en reacción al absolutismo reinante y en contra del racionalismo exultante del siglo de Las Luces. Las ideas del movimiento estético alemán, en busca y captura de la libertad individual a cualquier precio, no tardaron en cruzar las fronteras francesas (pos)revolucionarias napoleónicas así como las británicas victorianas para conquistar progresivamente el corazón de los artistas europeos, con la sensibilidad a flor de piel. Si bien es verdad que el Romanticismo, complejo y confuso, hasta contradictorio a veces, nunca llegó a imponerse del todo en una España sin revolución industrial sino con una restauración política radical con Fernando VII (1808-1933), aprovechó como pudo el reinado de Isabel II (1833-1868) para impregnar las Artes y las mentalidades de sus ansias de libertad y de belleza.


   Para hablar claro, nombres como Mariano José de Larra (1809-1837) en literatura, José Zorrilla (1817-1893) en teatro, José de Espronceda (1808-1842) en poesía y Francisco de Goya (1746-1828) en pintura están grabados en nuestra memoria colectiva pero demasiado  selectiva como para recordar que fueron los máximos exponentes del Romanticismo español. Gracias a la gran labor del militar por tradición familiar y artista vocacional, Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer (1858-1942), que dedicó literalmente toda su vida a recuperar y difundir el patrimonio cultural español, el Romanticismo español así como el siglo XIX de cuya Historia nadie quería acordarse por su “desastre” final encontraron un lugar donde expresarse y exponerse.  


   En 1897, para poder dedicar toda su agenda y fortuna a comprar obras de arte por Europa, América y África, el pintor, restaurador, mecenas, filántropo y viajero empedernido, Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, pidió una excedencia ilimitada -lo que no le impidió seguir ascendiendo en el escalafón militar. A modo de anécdota (o no ya que le abrió más de una puerta), en 1898, el futuro capitán (en 1906), comandante (en 1914) y teniente coronel (en 1918) se convirtió, por los pelos (y a la gran sorpresa de su hermano mayor), en el II Marqués de la Vega-Inclán al solicitar el título nobiliario de su padre, fallecido en 1884, “un día antes del vencimiento de la supresión del Marquesado si nadie lo reclamaba”. “Movido por su deseo de atraer viajeros a España”, don Benigno, el noble amigo personal y consejo cultural de Alfonso XIII, contribuyó a mejorar las infraestructuras del país y fundó 3 museos que donaría al Estado español después de su rehabilitación: la Casa-Museo del Greco en Toledo, en 1911, la Casa de Cervantes en Valladolid, en 1915, y, finalmente, “su obra más deseada”, el Museo Romántico de la madrileña calle de San Mateo que se inauguró una primera vez, en 1924, como entidad privada y una segunda, en 1924, como institución estatal.


   Concebido, desde el principio, como casa-pinacoteca gracias a donaciones y adquisiciones de pinturas, mobiliario, objetos decorativos y ajuares de la época “isabelina” española, el Museo despertó el interés de muchos intelectuales y artistas, amigos cercanos o conocidos de don Benigno como, por ejemplo, el Marqués de Cerralbo, el pintor Joaquín Sorolla y, más tarde, el poeta Rafael Alberti que aceptó el puesto de director de dicho museo durante la Guerra Civil. Pero, tras el conflicto, el “pequeño” Museo tuvo que esperar el nuevo milenio para volver a ocupar la atención que se merece no solo en las guías turísticas sino también en la vida cultural madrileña.


   Después de 9 años de un intenso trabajo de documentación e investigación, el Museo del Romanticismo reabrió sus puertas el 03 de diciembre de 2009, con un nuevo nombre de bautizo (más lógico, la verdad), para ofrecer a sus visitantes un paseo histórico único por el olvidado siglo XIX. Gracias a sus más de 1.400 piezas de época, expuestas en las 26 dependencias de la casa-museo, los visitantes podrán captar la esencia de la “atmósfera vivida” por la alta burguesía decimonónica con su “correspondencia psicológica” y artística y comprobar, al final de su viaje en el tiempo, el despertar de su alma romántica con los divertidos juegos de pistas que proponen los ordenadores del Museo. Didáctico y ameno, el Museo también dispone de una página web (hiper)interactiva que permite visitar virtualmente cada una de las salas del museo, detenernos en los objetos que llevan informativos Códigos QR y encontrar recursos tanto para el profesorado como para el alumnado para obtener una visión global del Romanticismo.


   Finalmente, el “Mal del Siglo” -la famosa expresión romántica sin dueño declarado pero con muchos adeptos-, concentró en 3 palabras el desencanto que experimentaron, a principios del siglo XIX, las nuevas generaciones europeas frente a la corrupción de las élites políticas, a la modernización de las estructuras económicas y a la consiguiente negación del individuo en busca de señas de identidad y de espiritualidad. ¿Quién dijo que la Historia (no solo del Arte) es un eterno recomienzo?


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- De Martes a Sábado: de 9h30 a 18h30 (20h30, de mayo a octubre).
- Los Domingos y Festivos: de 10h a 15h.
PD
: El Museo del Romanticismo pone a disposición del público un itinerario autónomo para que se pueda recorrer el Museo libremente, aprendiendo y disfrutando de este "museo de las cosas pequeñas". Podrás solicitar gratuitamente tu itinerario en taquilla, o descargártelo aquí y ahoraPD: Hay que reservar para grupos de más de 5 personas, con 15 días de antelación, al 914 480 163 (de Lunes a Viernes, de 9h a 15h).

Precios:
- Entrada general: 3 euros (reducida: 1,50 euros).
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PD: Si te ha gustado este post, ¡no te pierdas nuestro Petit Fanzine sobre la Historia del Museo del Romanticismo, ilustrado por Sara Fratini, Joaquín González Dorao, Theresa Lüe, Plumas de Colores y Jara Domínguez. Para saber más, manda un mail a Charo & Flo.

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